lunes, 20 de agosto de 2012

EL SAQUEO DE ESPAÑA

Los acontecimientos se precipitan y la situación se vuelve insostenible. Como era de esperar, los mercados reaccionan negativamente a las duras medidas de austeridad impuestas por los administradores. La penosa imagen de España, de trompicón en trompicón hasta darse de bruces contra el suelo, salta a las primeras páginas de la prensa internacional que comenta con asombro, dolor o risa, el cruel destino de la nación que habiendo sido hasta hace pocas décadas estrella de Occidente, es hoy fábula y ludibrio de la Tierra.

Como reiteradamente aseguré a lo largo de estas páginas, y en ello me reafirmo de nuevo, no hay poder en este mundo capaz de volverle el pulso, y tan solo la ignorancia culpable, refinada maldad, o ambas a la vez, se obstinarán en la aplicación de remedios tan inútiles como dolorosos. La frase del personaje de Alicia en el país de las maravillas "si no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará allí" , es aquí de perfecta aplicación.

Pero vamos a analizar ahora las causas que nos condujeron a esta desdichada situación, sin precedentes en la Historia, llevadas a cabo mediante dos operaciones perfectamente calculadas : el desarme moral y la ruina económica.

Para comprender la primera hay que echar mano de un símil que, si bien desagradable, resulta sumamente clarificador. La garrapata es un repugnante parásito que se adhiere firmemente a la piel de los animales domésticos para extraerles la sangre de que se alimenta, y al mismo tiempo les inocula una saliva con efectos anestesiantes pudiendo así reproducirse y formar una colonia que en poco tiempo acabarán con la vida del hospedador. Pues salvando la diferencia entre el asqueroso ácaro de ocho patas y los humanos, diríase, a juzgar por los efectos, que al franquismo le sucedió el garrapaterismo. Y, en efecto, una casta política parasitaria invadió el tejido social de España y sin apenas darnos cuenta nos privó de los valores que conforman la esencia de nuestro ser : la fe, la formación, la familia y las finanzas domésticas. A cambio nos ofrecieron solícitos sus anestesiantes baratijas ante las que, según lo previsto por los charlatanes y embaucadores, hemos sucumbido como un mihura ante el engaño : las fiestas, las francachelas, la fornicación y el futbol.

A la ruina económica se llegó siguiendo el modus operandi de el crimen y la coartada. Multitud de obras faraónicas sin justificación alguna, tanto a nivel municipal, regional o nacional, tales como ciudades de la cultura o aeropuertos en páramos desolados, con inversiones multimillonarias muy por encima de los respectivos presupuestos, han sido la coartada para el cobro de las subsiguientes comisiones ilegales y la evasión de las mismas, quizá a la espera de una proxima amnistía fiscal.

Completan el cuadro del mayor expolio sistemático que jamás padeció nación alguna, la irrupción de los políticos en los órganos de control de las cajas de ahorro para mangonearlas según criterios personales o de partido, dejando al país en situación de quiebra total y a disposición de los acreedores.

Pues así, burla burlando, mientras al pueblo se le distría con pan y circo, los nuevos sátrapas ejercían la dictadura de la zapatilla dejando tras sí una orgía de sangre inocente, dolor y ruina, y una deuda de 900.000 millones de euros. Vandalismo y garrapaterismo quedarán para siempre como sinónimos de saqueo y destrucción.

El Gobierno, en un desesperado intento recaudatorio para acallar a los especuladores, carga una vez más contra los sufridos funcionarios, incrementa el IVA, y al mismo tiempo prepara nuevos y más drásticos recortes que hará públicos en los próximos días. Más todo será en vano; mientras no se ataje el mal en su raiz perdurarán sus perniciosos efectos.

Deber del Ejecutivo es informar al pueblo que una deuda tan gigantesca, tan colosal, tan inconmensurable es imposible de amortizar con los escasos medios de que disponemos. Mas, "si quien tal hace, tal pague" considero que la clase política, burlando durante décadas a los incautos ciudadanos, derrochando, malversando y dilapidando -incluído el oro del Banco de España- nuestra riqueza nacional, es a quien le corresponde soportar el mayor esfuerzo económico para amortizar una deuda de tal magnitud y por ellos generada . No es un problema nacional, como algunos líderes aseguran tratando de eludir responsabilidades, sino un problema político.

En consecuencia y porque, probablemente, nos hallamos ante lo que es solamente la punta de un gigantesco iceberg de expolio y corrupción, es de justicia que los salarios de quienes ostenten cargos públicos electos no debieran superar los 2.500 euros mensuales, quedando suprimidos, además, todos cuantos beneficios y privilegios les diferencien económicamente de los demás ciudadanos. Igual medida se observaría con las jubilaciones e indemnizaciones desde todo punto de vista abusivas, debiendo ser reintegrado al Tesoro Público el importe de las así percibidas en los últimos diez años. Y todo ello con independencia del embargo del dinero y bienes, dentro y fuera de España, cuya procedencia no se justificase. Los hallados culpables serían condenados, además, a realizar trabajos en favor de la Comunidad durante el tiempo que designen los tribunales.

Así sería la actuación de un gobernante no sólo con sentido común y la diligencia de un buen padre de familia, sino la del que procediese en perfecta armonía con el precepto evangélico: quien quiera ser el primero ha de ser el servidor de todos. Quienes deseen intervenir en la cosa pública han de hacerlo por honor, desinterés y abnegación, y no por exclusivo ánimo de lucro.

La desmembración de España en diecisiete virreynatos reproduciendo cada uno de ellos la estructura del Estado central, creando así un ente imposible de sufragarse, y el uso y abuso de las atribuciones confiadamente conferidas por el pueblo a la clase política,- más de 800 de sus integrantes tienen a día de hoy abiertas otras tantas causas judiciales por delitos de corrupción- nos llevan a la convicción de que nos encontramos ante una situación humanamente irreversible. Sus irresponsables conductas bien lejos del altruísmo del que alardean nos colocan a los pies de nuestros seculares y peores enemigos.

Había asegurado más arriba de que no habría poder en el la Tierra que nos ayudase a superar esta situación y, efectivamente, así es. A España solamente la salvarán medios sobrenaturales, entre ellos la caridad. Y no es maravilla, pues la caridad es amor, y Dios es amor, de donde se sigue que tan sólo Dios con su poder infinito puede realizar el milagro de volvernos a la vida.

España, con su cultura de fines no puede en modo alguno quedar subordinada a la cultura de medios de la UE, de igual modo que lo eterno jamás estará supeditado a lo eventual y pasajero. A élla, madre de muchos pueblos, le corresponde el liderazgo de todas las naciones de la vieja y envejecida Europa cuyo proyecto de unificación, cual moderna réplica de Torre de Babel o Becerro de oro, veremos derrumbarse estrepitósamente.

El Banco Central Europeo, monumento a la usura y a la especulación, será sustituido por el Banco de la Caridad que ocupará, y así se vislumbra, uno de los edificios más emblemáticos de la capital de España, ubicado en el corazón de su distrito fianciero: la hoy llamada Torre Picasso a cuyos pies luce una espléndida y gigantesca estrella de seis puntas, la estrella de David, de quien descienden la Santísima Virgen y Nuestro Señor Jesuscristo. Allí se centralizarán y distribuirán todos los fondos recogidos para los pueblos necesitados, así como préstamos personales al cero por ciento de interés, pues escrito está que lo que se recibe gratis, se da gratis; y Dios ama al que da con alegría. Ya sé que esto, hoy en día, no lo puede entender todo el mundo, ni siquiera aquí en España, lógica consecuencia del desarme moral antes aludido.

Los enemigos de España, que no son otros que los de la civilización cristiana, una vez más -quizás la postrera-, morderán el polvo al igual que la bicha que se retuerce impotente bajo los inmaculados pies de la Señora.

20 de Agosto de 2012, festividad de San Bernardo de Claraval

josemigueltenreiro@gmail.com
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