martes, 3 de julio de 2012

UNA LLAMADA A LA ESPERANZA


El préstamo de cien mil millones de euros para salvar la banca española no hará más que prolongar la agonía de nuestra economía, tal vez no más allá del próximo trimestre. Tras la euforia de las primeras horas por el éxito de la gestión, de nuevo cae la bolsa y la prima de riesgo vuelve a los 530 puntos, muy lejos de los 125 de Francia y a años luz de los 26 del Reino Unido.

Desde la prensa diaria se insiste reiteradamente en la crisis demográfica que nos afecta, con datos tan contundentes como reveladores, entre los que destacan que España ocupa en natalidad el lugar 219 de un total de 222 países, y que el número de jubilados mayores de sesenta y cinco años es de 10,5 millones frente a su relevo, los menores de tres años, que son tan solo 1,3 millones. En la misma línea también se ha pronunciado Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, quien nos recordó el repetido error seguido por nuestros administradores de basar su estrategia en el aumento de la oferta con omisión de la demanda.

Y en efecto, si no hay demandantes no hay ventas, sin ventas no hay producción, y sin producción no hay trabajo. Pero no se trata de estimular los nacimientos para que haya nuevos y más consumidores. Se podría aducir, y con razón, que en el Tercer Mundo el elevado número de niños no es el remedio contra la pobreza. Tampoco el dinero resuelve la crisis si no hay nacimientos, pues el rápido envejecimiento de la población acelera la ruina de los pueblos. Por el contrario, la prosperidad económica siempre sigue a la expansión demográfica.

La solución del problema consiste en conjugar ambos factores : nacimientos y ayuda económica. Todas las mujeres nacionales, cualquiera que sea su estado civil y madres de al menos tres hijos debieran percibir una ayuda mensual de 600 euros por hijo, comenzando por las que están en paro. Y la misma cantidad recibirían aquellas que se encuentren en estado de embarazo no deseado. La medida tendría una doble eficacia: liberar a las primeras de la angustia del incierto salario ante la posibilidad de un probable despido, y a las segundas de la desesperación que les conduce al aborto.

En el último supuesto, el recién nacido rechazado quedaría al cuidado de las instituciones y familias acogedoras, siempre dispuestas a devolverlo a su madre natural cuando por ella fuese requerido.

La puesta en práctica de esta medida traería de inmediato efectos espectaculares : la reducción del paro en no menos de un 50% y del aborto en 99,9%. Sería la lógica consecuencia derivada de la convicción de haber refundado nuestra economía sobre la sólida base de nuestros propios recursos, humanos y materiales. Es, por lo demás, una similar prestación social aplicada en los países más avanzados de nuestro entorno, pero con la innovación de la subvención a las mujeres en situación de embarazo no deseado y durante los nueve meses de gestación.

Y por último sólo queda consignar el costo de esta única y posible solución a todos nuestros males, el fin del espantoso viaje : mil doscientos millones de euros al año, repartidos del siguiente modo: 648 millones para 30.000 madres de tres hijos -tres veces más que las actuales-, y 552 millones para 102.222 mujeres en estado de embarazo no deseado. Una cantidad irrisoria en comparación con las cifras astronómicas que maneja la clase política.

¿ Quién llevará a cabo tal recaudación ? Me temo que solamente puede hacerlo la siempre inevitable Iglesia Católica a través de su institución de Cáritas; la misma que, según estadística publicada, invirtió el pasado año 250 millones de euros en dar de comer al hambriento y en vestir al desnudo. Dicha cantidad es fruto de las colectas efectuadas el primer domingo de cada mes entre los pocos que asisten a Misa, y de los menos que ponen la cruz en la correspondiente casilla de la declaración de la renta, el 34% de los declarantes.

Con la entusiasta colaboración de todos los españoles y la aportación mensual de ¡DOS EUROS! por cada uno de nosotros; por los que no pueden hacerlo; y por los que, desgraciadamente, se nieguen por razones que respeto; y la inestimable gestión de la entidad bancaria colaboradora, todas nuestras angustias se habrán disipado y la prima de riesgo descenderá al lugar que le corresponde a una nación como la nuestra, entre las de mayor rango y prestigio del mundo.

13 de Junio de 2012

josemigueltenreiro@gmail.com
http://elocasodeoccidente.blogspot.com/

P.D. : Con mi especial agradecimiento a "Juana de Arco" de HazteOir.org por haberse hecho eco del presente artículo y reproducirlo en su magnífico blog con los párrafos destacados que aquí aparecen.
El autor,

1 comentario:

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