El artículo de Juan Manuel de Prada titulado "Nuevo Orden Mundial", publicado en el diario ABC del pasado día 10 del presente mes y difundido ampliamente por las redes sociales, no ha venido sino a confirmar lo que es ya un clamoroso secreto imposible de guardar o disimular: la gran depresión económica que afecta a las veintisiete naciones que integran la Unión Europea, y en menor medida a los EE.UU de América, es el resultado de las deliberadas maquinaciones sociales y financieras llevadas a cabo durante décadas por diversas organizaciones internacionales de omnímodo poder, y que ahora no dudan en presentarse como la única salvación posible ante la catástrofe que ellos mismos han provocado, como acertadamente apunta el citado escritor.
Pero esta gran convulsión económica no hay duda que estaba prevista por "ellos" en todos sus detalles. Su inteligencia satánica, del espíritu del mal y por consiguiente sobrenatural, es infinitamente superior a la inteligencia natural con la que operan la mayoría de los humanos en manifiesta inferioridad de condiciones con respecto a aquéllos. Sus dóciles sicarios no tienen otra misión que la de entregarnos cautivos y desarmados, moral y económicamente, como una cuota más, al imperio de la tiranía más feroz y colosal de todos los tiempos a la que aluden el profeta Daniel, el libro del Apocalípsis, y más modernamente el gran filósofo de la Historia Donoso Cortés, y el pontífice Pío XI en su encíclica Quadragesimo Anno. Y en efecto, al hilo de lo manifestado por el señor de Prada, y dados los acontecimientos que a diario ocurren en el mundo, y en España en particular, cada cual más grave e inquietante, no parece nos encontremos lejos de aquella "gran tribulación cual no la hubo desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá, y, si no se acortasen aquellos días, nadie se salvaría; mas por amor de los elegidos se acortarán los días aquellos" (Mt 24,21).
Considerando lo anterior, no cabe sino reconocer que nos hallamos ante una situación irreversible y de la que, como reiteradamente se advierte desde estas páginas, no hay poder en el mundo capaz de ayudarnos a superarla. No perdamos de vista que la crisis que nos afecta no es sólo de orden económico y social, sino que ambas son consecuencia inmediata de una original y de orden moral, de efectos devastadores. Por ello, y para hacer frente con éxito a los depredadores, es absolutamente necesario revestirse del Espiritu de Dios, pues sólo "Él caza a los sabios en su astucia" (1Cor 3,19). "Ellos" saben que sus verdaderos rivales no son ni los Estados del mundo libre ni sus ejércitos, que con facilidad pueden ser infiltrados y anulados, sino que el verdadero peligro radica en el alma humana, en la que pueden tener lugar de un día para otro cambios radicales, reacciones imprevisibles, que pueden modificar la balanza mundial y alterar el curso de la Historia. Y aquí es donde está su verdadero temor: que la futuras víctimas despierten de su falsa seguridad, tomen conciencia del inminente peligro y, en un arranque de desesperación, rompan la red de araña, tejida con paciencia a lo largo de 200 años de conspiración, y escatimen a ésta su victoria final".
Ya se entiende mejor ahora la gigantesca ofensiva de desintegración de la persona humana llevada a cabo en las últimas décadas y con insistente tenacidad, en el terreno artístico, literario, filosófico, científico y sobre todo religioso.
El pasado 24 de Noviembre, en los locales de la sede central del Banco Pastor, el premio Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, impartió una interesante charla durante la cual y entre otras aseveraciones lapidarias manifestó que
"el verdadero problema de España es la falta de demanda, y todas las reformas que se están realizando son del lado de la oferta". Pero pese a lo irrefutable de la frase nadie parece hacerse eco de ella y, reiteradamente, se insiste en la necesidad de una reforma laboral y financiera, mini empleos, y mil felices fórmulas que no producirán, como aseguraba el conferenciante, sino más recesión y menos crecimiento.
¡ Cualquier medida menos el incremento de la demanda, por favor ! Porque ello implicaría el burlar descaradamente los planes del enemigo. Pues el incremento de la demanda pasa necesariamente por el cambio radical al que arriba se alude, y que nos volvería al modelo de sociedad basado en la familia sin la cual no habrá nacimientos y, por consiguiente, demandantes. Por más que se trabaje, por más y mejor que se produzca, si no hay consumidores todo será en vano. Recuerden la moraleja de la fábula de "El perro y el cocodrilo", de Samaniego. Ciertamente fabulosa :
del enemigo el consejo.
¿ Saben cómo se cazan los monos ? Leía de niño en aquel precioso libro titulado "El joven de carácter" de Monseñor T. Toth, que en las selvas tropicales los negritos preparan un cesto de mimbres totalmente cerrado, con un estrecho agujero por donde cabe solamente la manita de un mono. Lo llenan parcialmente de arroz, lo cuelgan de una rama, y esperan escondidos a que aparezca la presa. En breves momentos, según lo previsto, llega el mono introduce la mano y toma un puñado de arroz, y ¡ ya está ! El macaco grita y se desgañita pero no logra sacar del cesto su mano llena de arroz. Podría burlar fácilmente a sus captores abriendo la mano y soltando el cebo, pero no, no puede hacerlo, y en ello le va la libertad y tal vez la vida.
Aun así me gusta más la parábola del hijo pródigo que en otro artículo también he traído a colación: ¡ Basta ya de mascar las amargas bellotas y de compartir la cochiquera con los cerdos ! Avergonzado, humillado, convertido en un harapo, vuelvo a la casa de mi Padre y le suplico me acoja de nuevo, aun cuando sea en la carbonera, con las cucarachas.
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