"El resignado silencio en el que observamos la eficaz contribución de la clase política a los designios de este poder supranacional, que incluirá además la desaparición de las clases medias y la reducción de la población mundial a sólo un tercio de la actualidad, no parace sino ser demostrativo de la astucia con la que actúan los hijos de las tinieblas"
En la noche del pasado domingo, 1º de Mayo, fuerzas especiales de la marina de los EE.UU han dado muerte al fugitivo Bin Laden, previamente localizado en su destartalada guarida de la localidad de Abbottabad, al nordeste de Paquistán. Si misteriosa ha sido la vida de este personaje ligado por los medios informativos al terrorismo de Al Qaeda, no lo han sido menos su ejecución sumaria y las circunstancias en las que ésta se llevó a cabo, así como la inmediata y secreta sepultura de su cuerpo en la mar. Y todo ello sin que trascendiese la más mínima referencia gráfica o audiovisual.
Ciudadanos norteamericanos festejaron con júbilo la muerte, sin previo juicio, del considerado artífice del atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York y el edificio del Pentágono en Washington, el 11 de septiembre de 2001.
La operación de castigo puesta en marcha por el Gobierno USA con el nombre de "Libertad Duradera" tenía por objetivo principal la localización del que reivindicó la autoría de los atentados y de sus secuaces, y al mismo tiempo reducir a escombros a Afganistán, donde al parecer se escondían, del mismo modo como habían hecho poco antes con Irak, e igualmente poniendo también allí un gobierno de su confianza.
La circunstancia de que en la antigua Mesopotamia se encuentre la mayor bolsa de petróleo del planeta, y el proyecto de la construcción de un oleoducto a través de Afganistán sea de vital importancia para Europa y países de Extremo Oriente, justifican ya de por sí la visión de "armas de destrucción masiva" y de terroristas islamistas agazapados en todos los vericuetos.
No obstante, la pertinaz guerra llevada a cabo desde hace más de veinte años en países estratégicos, dada su posición o por los minerales del subsuelo, unidos ambos factores a la fe islámica que profesan sus pueblos, nos confirman, como quedó esbozado en el artículo anterior, en el serio obstáculo que representan para los propósitos de la Globalización y el Nuevo Orden Mundial.
El meter al mundo en un puño, sometido a la más gigantesca dictadura jamás conocida, es una vasta operación que ha comenzado hace siglos y que todo parece indicar está llegando a su fin. Fantásticas, sin duda, nos parecen estas manifestaciones y fantástico me parece hasta a mí mismo estar escribiendo esta página de mi Cuaderno con la seguridad, además, de que de ahora en adelante, no nos aguardan más que angustias y tragedias como al navegante que se adentra en un proceloso mar.
Recuerdo los años anteriores al estallido de la llamada burbuja inmobiliaria, anunciada con insistencia por personas notables y prudentes, y reiteradamente negada hasta la saciedad, al igual que la crisis de ella derivada, por los charlatanes y embaucadores. Este dato, en apariencia desconectado del resto del texto, guarda íntima relación con él por ser una pieza del mismo puzle, y no la menos importante. El rescate, o mejor dicho, el embargo de países previa y deliberadamente quebrados, es la estrategia convenida para obtener las cuotas de soberanía del mundo occidental y domesticado, frente a la razón de la fuerza seguida contra el oriental y asilvestrado.
Esta vasta operación, que ya desde ahora podemos denominar "Operación Gran Ramera" por coincidir con la descrita por San Juan en el libro profético del Apocalipsis, requiere la adopción de medidas tendentes a la abolición de la propiedad privada, la familia, el Derecho, la cultura, la religión, y los Estados nacionales, presupuestos todos ellos que vemos confirmados cada día con pasmosa exactitud. Pues de lo que se trata -y no otra cosa significa Globalización- es de someter a todo el mundo a la autoridad de la bestia, con un solo Gobierno, una sola moneda, y una sola religión.
En la noche del pasado domingo, 1º de Mayo, fuerzas especiales de la marina de los EE.UU han dado muerte al fugitivo Bin Laden, previamente localizado en su destartalada guarida de la localidad de Abbottabad, al nordeste de Paquistán. Si misteriosa ha sido la vida de este personaje ligado por los medios informativos al terrorismo de Al Qaeda, no lo han sido menos su ejecución sumaria y las circunstancias en las que ésta se llevó a cabo, así como la inmediata y secreta sepultura de su cuerpo en la mar. Y todo ello sin que trascendiese la más mínima referencia gráfica o audiovisual.
Ciudadanos norteamericanos festejaron con júbilo la muerte, sin previo juicio, del considerado artífice del atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York y el edificio del Pentágono en Washington, el 11 de septiembre de 2001.
La operación de castigo puesta en marcha por el Gobierno USA con el nombre de "Libertad Duradera" tenía por objetivo principal la localización del que reivindicó la autoría de los atentados y de sus secuaces, y al mismo tiempo reducir a escombros a Afganistán, donde al parecer se escondían, del mismo modo como habían hecho poco antes con Irak, e igualmente poniendo también allí un gobierno de su confianza.
La circunstancia de que en la antigua Mesopotamia se encuentre la mayor bolsa de petróleo del planeta, y el proyecto de la construcción de un oleoducto a través de Afganistán sea de vital importancia para Europa y países de Extremo Oriente, justifican ya de por sí la visión de "armas de destrucción masiva" y de terroristas islamistas agazapados en todos los vericuetos.
No obstante, la pertinaz guerra llevada a cabo desde hace más de veinte años en países estratégicos, dada su posición o por los minerales del subsuelo, unidos ambos factores a la fe islámica que profesan sus pueblos, nos confirman, como quedó esbozado en el artículo anterior, en el serio obstáculo que representan para los propósitos de la Globalización y el Nuevo Orden Mundial.
El meter al mundo en un puño, sometido a la más gigantesca dictadura jamás conocida, es una vasta operación que ha comenzado hace siglos y que todo parece indicar está llegando a su fin. Fantásticas, sin duda, nos parecen estas manifestaciones y fantástico me parece hasta a mí mismo estar escribiendo esta página de mi Cuaderno con la seguridad, además, de que de ahora en adelante, no nos aguardan más que angustias y tragedias como al navegante que se adentra en un proceloso mar.
Recuerdo los años anteriores al estallido de la llamada burbuja inmobiliaria, anunciada con insistencia por personas notables y prudentes, y reiteradamente negada hasta la saciedad, al igual que la crisis de ella derivada, por los charlatanes y embaucadores. Este dato, en apariencia desconectado del resto del texto, guarda íntima relación con él por ser una pieza del mismo puzle, y no la menos importante. El rescate, o mejor dicho, el embargo de países previa y deliberadamente quebrados, es la estrategia convenida para obtener las cuotas de soberanía del mundo occidental y domesticado, frente a la razón de la fuerza seguida contra el oriental y asilvestrado.
Esta vasta operación, que ya desde ahora podemos denominar "Operación Gran Ramera" por coincidir con la descrita por San Juan en el libro profético del Apocalipsis, requiere la adopción de medidas tendentes a la abolición de la propiedad privada, la familia, el Derecho, la cultura, la religión, y los Estados nacionales, presupuestos todos ellos que vemos confirmados cada día con pasmosa exactitud. Pues de lo que se trata -y no otra cosa significa Globalización- es de someter a todo el mundo a la autoridad de la bestia, con un solo Gobierno, una sola moneda, y una sola religión.
El resignado silencio en el que observamos la eficaz contribución de la clase política a los designios de este poder supranacional, que incluirá además la desaparición de las clases medias y la reducción de la población mundial a sólo un tercio de la actualidad, no parace sino ser demostrativo de la astucia con la que actúan los hijos de las tinieblas.
No he de concluir el presente artículo sin recordar la resolución con la que proceden la bestia y sus servidores a lo largo y ancho del mundo para lograr el objetivo, teniendo en cuenta que tanto los genocidios de de Auschwitz y Camboya, el Gulag soviético, las chekas de Madrid y Barcelona, o la más moderna de Guantánamo, no son sino manifestaciones depredadoras de las siete cabezas del mismo monstruo. Fantástico, en efecto, a la vez que misteriosas como todas las conspiraciones fraguadas en el seno de las tinieblas : el asesinato del presidente Kennedy, los frustrados de Reagan y Juan Pablo II, el soldado norteamericano Pat Tillman muerto en Afganistán víctima del "fuego amigo", o la soldado de la misma nacionalidad, Jessica Lynch, cuyo secuestro y violación se fingió cuando luchaba en Irak, para enardecer los decaídos ánimos de los combatientes. Fantásticas, igualmente, las sensacionales revelaciones que hace el escritor francés Thierry Meyssan en su libro La gran impostura sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001. Tras los antecedentes descritos la pregunta surge espontáneamente : ¿ Qué ha sido de Bin Laden ?
Hace ciento trece años, en febrero de 1898, se registró una explosión en el acorazado "USS Maine" surto en el puerto de La Habana a donde había llegado quince días antes sin previo aviso ni invitación. De nada sirvieron las excusas del Gobierno español ni su buena disposición para intentar esclarecer el siniestro que le costó la vida a 262 tripulantes. España fue declarada culpable y la escuadra USA, previamente apostada en las inmediaciones, dio comienzo al bloqueo de la isla de Cuba. Simultáneamente, otra escuadra fondeada oportunamente en Hong Kong sorprendió a la débil flota de Manila. El resultado es bien conocido: así nos fueron arrebatadas Cuba, Filipinas, la españolísima Puerto Rico, y la isla de Guam.
El "Maine" fue reflotado en 1911 por personal de los EE.UU y, subrepticiamente, conducidos sus restos a aguas profundas para ser allí definitivamente hundidos y sin permitir el más mínimo testimonio gráfico. Cualquier parecido con la muerte y sepultura de Bin Laden es pura coincidencia.
Vueltos a España nos encontramos con los efectos de la misma y gigantesca conspiración para lograr su desmantelamiento y desmembración, tras el fallido intento de la guerra civil, con la mayor y más cruel persecución religiosa que vieron los siglos. El asesinato del almirante Carrero Blanco, el "golpe" de Estado del 23-F, el atentado de los trenes de Atocha, el "caso Faisán", y por último, y de novísima creación, el "Movimiento 15-M", son hechos que guardan secreta e íntima relación entre sí y persiguen el mismo y siniestro fin. Pues aquí, en esta tierra bendita, de mártires y fundadores -de santo Domingo, san Ignacio, santa Teresa y san Josémaría, entre otros-, radica la esencia de la fe milenaria, mortífero veneno y muro inexpugnable para sus enemigos, en tanto ¡¡ una sola alma buena !! eleve al cielo su piadosa oración.
No han de extrañarnos todas cuantas medidas se adopten aceleradamente en estos postreros días; son los últimos coletazos del monstruo que, por otra parte -y así está escrito- impondrá su dominio en el mundo durante el limitado período de cuarenta y dos meses. Hagamos más bien propósito de esforzarnos en nuestra regeneración interior, bien seguros de que España -y cada vez se vislumbra con mayor claridad- es el factor principal de la Victoria.
Y económicamente, ¿ quién salvará a España ? La respuesta afirmativa y segura es que a España solamente la salva la Caridad.
josemigueltenreiro@gmail.com
No he de concluir el presente artículo sin recordar la resolución con la que proceden la bestia y sus servidores a lo largo y ancho del mundo para lograr el objetivo, teniendo en cuenta que tanto los genocidios de de Auschwitz y Camboya, el Gulag soviético, las chekas de Madrid y Barcelona, o la más moderna de Guantánamo, no son sino manifestaciones depredadoras de las siete cabezas del mismo monstruo. Fantástico, en efecto, a la vez que misteriosas como todas las conspiraciones fraguadas en el seno de las tinieblas : el asesinato del presidente Kennedy, los frustrados de Reagan y Juan Pablo II, el soldado norteamericano Pat Tillman muerto en Afganistán víctima del "fuego amigo", o la soldado de la misma nacionalidad, Jessica Lynch, cuyo secuestro y violación se fingió cuando luchaba en Irak, para enardecer los decaídos ánimos de los combatientes. Fantásticas, igualmente, las sensacionales revelaciones que hace el escritor francés Thierry Meyssan en su libro La gran impostura sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001. Tras los antecedentes descritos la pregunta surge espontáneamente : ¿ Qué ha sido de Bin Laden ?
Hace ciento trece años, en febrero de 1898, se registró una explosión en el acorazado "USS Maine" surto en el puerto de La Habana a donde había llegado quince días antes sin previo aviso ni invitación. De nada sirvieron las excusas del Gobierno español ni su buena disposición para intentar esclarecer el siniestro que le costó la vida a 262 tripulantes. España fue declarada culpable y la escuadra USA, previamente apostada en las inmediaciones, dio comienzo al bloqueo de la isla de Cuba. Simultáneamente, otra escuadra fondeada oportunamente en Hong Kong sorprendió a la débil flota de Manila. El resultado es bien conocido: así nos fueron arrebatadas Cuba, Filipinas, la españolísima Puerto Rico, y la isla de Guam.
El "Maine" fue reflotado en 1911 por personal de los EE.UU y, subrepticiamente, conducidos sus restos a aguas profundas para ser allí definitivamente hundidos y sin permitir el más mínimo testimonio gráfico. Cualquier parecido con la muerte y sepultura de Bin Laden es pura coincidencia.
Vueltos a España nos encontramos con los efectos de la misma y gigantesca conspiración para lograr su desmantelamiento y desmembración, tras el fallido intento de la guerra civil, con la mayor y más cruel persecución religiosa que vieron los siglos. El asesinato del almirante Carrero Blanco, el "golpe" de Estado del 23-F, el atentado de los trenes de Atocha, el "caso Faisán", y por último, y de novísima creación, el "Movimiento 15-M", son hechos que guardan secreta e íntima relación entre sí y persiguen el mismo y siniestro fin. Pues aquí, en esta tierra bendita, de mártires y fundadores -de santo Domingo, san Ignacio, santa Teresa y san Josémaría, entre otros-, radica la esencia de la fe milenaria, mortífero veneno y muro inexpugnable para sus enemigos, en tanto ¡¡ una sola alma buena !! eleve al cielo su piadosa oración.
No han de extrañarnos todas cuantas medidas se adopten aceleradamente en estos postreros días; son los últimos coletazos del monstruo que, por otra parte -y así está escrito- impondrá su dominio en el mundo durante el limitado período de cuarenta y dos meses. Hagamos más bien propósito de esforzarnos en nuestra regeneración interior, bien seguros de que España -y cada vez se vislumbra con mayor claridad- es el factor principal de la Victoria.
Y económicamente, ¿ quién salvará a España ? La respuesta afirmativa y segura es que a España solamente la salva la Caridad.
josemigueltenreiro@gmail.com