sábado, 29 de enero de 2011

LA CAUSA Y EL EFECTO

Atónitos comprobamos como en breve espacio de tiempo hemos pasado de ser una nación próspera y respetada en el ámbito internacional a un Estado en quiebra. De manifiesto queda esta situación ante la imposibilidad de hacer frente a los gastos derivados del pago de pensiones, sueldos del personal funcionario, y subvenciones de los parados, con la sola excepción de las escandalosas nóminas de nuestros representantes, que jamás experimentan reducción.
Nuestra triple crisis, moral, institucional, y económica, se desencadena toda ella a partir de la primera. Como quedó consignado en páginas precedentes, es la inexorable consecuencia de la ruina moral de la sociedad, a la que nos condujo una casta de políticos más preocupados en el medro personal que en el interés general, y que hallaron en el campo de la corrupción el medio eficaz para amasar inmensas fortunas y perpetuarse en sus cargos, ya sea en el poder o en la oposición. Mientras se apoderaban del aparato del Estado y creaban una saga con sus descendientes, afines y amigos, lograban adormecer al pueblo con las nuevas conquistas sociales basadas todas ellas en la carnaza de la carne : despenalización del adulterio y el amancebamiento, el divorcio, el aborto, y las uniones homosexuales elevadas a la dignidad de matrimonio.
La maldad es tanto más refinada cuanto lo que se fomenta es extender el vicio de la lujuria entre los más jóvenes, explotando sin escrúpulos sus instintos, aprovechándose de su escasa resistencia al atractivo de las pasiones y así ganarlos para su causa pagana.
De reserva espiritual de Occidente hemos pasado a tierra de fornicarios pues, aunque nos cueste reconocerlo, fornicar es, entre otras cosas, aparearse con trampa, a fin de evitar la procreación. Y esta, y no otra, es la verdadera y única causa de la transformación de una nación fuerte y próspera en un país en bancarrota.
El resultado de este grave desorden es que los niños no han nacido, y la ausencia de estos nuevos consumidores nos lleva al actual estado de penuria económica para la que no hay humana solución a corto o medio plazo. La razón, tan elemental como incuestionable, la vengo denunciando reiteradamente en estas páginas: ¡ Sin nacimientos no hay trabajo ni pensiones !
De nada servirán cuantas medidas de austeridad se adopten, -reforma de pensiones o laboral incluidas- junto con la venta o privatización de empresas y bienes públicos, sin otro resultado que alargar la lenta agonía del país. Tan solo la expansión demográfica, a la que nadie alude, traería consigo la prosperidad económica. Y ya comprobamos como las naciones más pobladas del planeta ocupan ahora un lugar de privilegio hacia donde fluyen las industrias de Occidente.
Conocidas las consecuencias demoledoras que tal perversión produce en la sociedad, ¿a qué viene el torpe, morboso, y pertinaz empeño en corromper a los jóvenes desde la más temprana edad ?
¡ Rescate financiero de bancos o países ! Resulta increible tamaña necedad en boca de sesudos varones y damas, ignorantes de lo más elemental.
¿ Quién rescatará las vidas inocentes que por millones marcharon por las cloacas, o sin contemplaciones fueron destruídas en gestación ? ¿ Quién burló jamás impunemente a la Naturaleza ?
No está la solución en el cambio de Gobierno y de su signo político, sino en el cambio de la sociedad que le elige. Y esta transformación no se logra de un año para otro. Siete lustros de laicismo de unos y neopaganismo de otros han calado tan profundamente en el tejido social que sólo una gran catástrofe logrará hacer reaccionar a los que supervivan.
Un eventual triunfo de la derecha en las próximas elecciones generales, con cinco millones de parados y unos sindicatos adversos, amén de otras circunstancias fruto de abusos y corrupciones, dibujan un panorama que es preferible no imaginar. La derecha, precisamente por su inmersión en el neopaganismo, es cobarde, acomplejada y acollonat, y ¡ pierde ! ante los que no tienen nada que perder. Pienso que en tal coyuntura la opción más prudente es votar en blanco, sin decantarse por ninguna alternativa política, pues todas ellas son responsables de la actual situación, por no haber sabido denunciar a tiempo, y con toda energía, la catástrofe que se avecinaba. Un Gobierno en minoría y una mermada oposición darían paso, tras sucesivos comicios, a nuevos políticos vocacionales con los que recuperaríamos la Soberanía Nacional hasta ahora secuestrada por la actual casta que nos asfixia.
Nuestra firme determinación de liberarnos de quienes usaron y abusaron de los derechos conferidos por el pueblo, encantado con sus baratijas de sexo y libertinaje, atenuaría en buena parte la tragedia.
Lamento disentir de los que "orgullosos de ser de derechas" ya esperan eufóricos el triunfo de los suyos. Craso error, que perpetúa el fantasma de las dos españas -de izquierda y de derecha- que ahora los revanchistas se afanan en desenterrar. Me identifico con los que, pocos o muchos, se proclaman orgullosos de ser españoles, católicos, y monárquicos. ¡¡ España entera y sólo una bandera !! Este es nuestro grito y nuestro lema, coreado por todos los españoles aquel memorable día, 11 de julio del pasado año, tras la victoria de nuestra selección nacional de futbol en Sudáfrica.
¡¡ Fornicad, malditos !! , nos instan con urgencia, pues mientras permanecemos en la cochiquera no nos enteramos de sus privilegios, pensiones vitalicias, sueldos abusivos, comisiones, tráfico de influencias, choferes, criados, mansiones de lujo, y viajes de placer, españoleando y exhibiendo por las pasarelas del mundo sus bufandas de marca y sus modelos de boutique.
Los últimos acontecimientos internacionales en el área del Magreb y Oriente Medio han tenido como detonante la corrupción, el hambre y el desempleo en países cuyos mandatarios llevan largo tiempo en el poder. La clase política toma medidas para afianzarse en sus fueros limitando las libertades del pueblo soberano mediante imposiciones-mordaza para controlar la Red e interceptar las comunicaciones telefónicas. Y en efecto, según principio básico de la filosofía marxista "el terror se impone con el silencio y la incomunicación".
El joven de la parábola abandonó la casa paterna para marcharse a un país lejano y allí vivir disolutamente. Dilapidada la herencia adelantada se vio obligado a sobrevivir cuidando los cerdos de un hacendado. Cansado de mascar las algarrobas hurtadas de la ración de la piara decidió, con corazón contrito y humillado, retornar a la casa paterna y solicitar ser admitido junto a la servidumbre.
Aquí veo el fiel reflejo de nuestra situación. Tras permanecer treinta y cinco años viviendo disolutamente, ahora ha llegado el tiempo de sobrevivir con las algarrobas y las amargas bellotas de los cerdos. Cuanto tiempo hayamos de permanecer en la cochiquera es cosa de la decisión individual de cada uno de nosotros.
España resurgirá, sin duda alguna y aunque yo no lo vea. Los yunques y las ruedas, ahora herrumbrosos por la forzosa inactividad, volverán a cantar al compás del himno de la Fe.