jueves, 29 de diciembre de 2011

IN MEMORIAM

Ayer celebramos los cristianos el Día de los Niños Mártires Inocentes que sufrieron la muerte por orden de Herodes, quien buscaba así quitar la vida al Niño Jesús. La Iglesia venera desde siempre a estos niños que, sin poder profesar con sus palabras a Cristo, han sido glorificados por la gracia de su Navidad. Pero si estos ya habían nacido y fueron degollados entre gritos de dolor, forzoso es también hacer memoria de los millones que, igualmente inocentes, son anualmente exterminados en gestación y sus gritos silenciados.
Unos fueron engendrados en el amor y los otros en la lujuria; unos murieron por Cristo y los otros por el que dirán o por salvaje hedonismo. Unos recibieron digna sepultura, y los otros triturados o cremados. A unos los veneramos anualmente en esta fecha y a los otros les negamos fúnebres exequias.
Visto lo anterior, considero un atroz fariseísmo el lamentarse ante tantas calamidades como ocurren en el mundo y en España -dada nuestra cuota de participación en la masacre-, y aún más todavía, el esperar tiempos de prosperidad, sin dejar de considerar, y de perseverar, en un mal tan tremendo que hasta la Naturaleza se conmueve ante tanta injusticia y tanto horror.
Inútiles serán toda clase de manifestaciones y reclamaciones en solicitud de la derogación de la Ley del aborto, desde todo punto imposible : tal como está la sociedad no puede menos que haber embarazos no deseados y, por consiguiente, abortos. Institúyase a perpetuidad el día 28 de Diciembre como de Jornada Nacional de Expiación y Desagravio, considerando que, como advertía Vázquez de Mella, los crímenes colectivos han de ser purgados en este mundo.
¡ Que el Señor acoja con piedad en su seno a los mártires inocentes y escuche las súplicas que le dirigen por sus padres desventurados a los que desean ver junto a ellos !

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