martes, 15 de noviembre de 2011

EN UN CALLEJON SIN SALIDA

"El problema de España es única y exclusivamente demográfico y a su resolución tenemos todos que aplicarnos con la mayor diligencia. No hay nada más urgente que justifique su demora, ni siquiera las elecciones generales del próximo 20".


La noticia de que en las lejanas y desoladas islas de la Desolación, los pingüinos que hasta ahora componen su fauna se comen sus propios huevos nada más ponerlos, justificaría una verdadera alarma general en todas las naciones del primer mundo -y muy especialmente en España dada su reconocida sensibilidad por los pájaros bobo- que se aprestarían a sufragar el envío de una misión científica hacia aquellas latitudes australes, a fin de averiguar el origen del mal que amenaza con la extinción a las citadas aves antárticas.
Sin embargo tan humanos sentimientos hacia los animales, evidenciados por la abundante proliferación de mascotas en casi todos los hogares de España, contrasta con la indiferencia ante el exterminio sistemático de nuestros propios hijos en gestación, dando lugar a la mayor catástrofe social y económica jamás conocida en la historia. El envejecimiento de la población y la falta de nuevos consumidores desequilibran de tal modo el normal funcionamiento de la industria y el comercio que, de manera irremediable, se encaminan hacia el colapso total. Por inaudito que parezca, ni la sociedad reacciona ni la clase política, por ella elegida, repara ante la gravedad de un daño de tal magnitud. Negamos la vida a los hijos y nos prodigamos con la de los perros.
La falta de incorporación de nuevos contingentes de consumidores y cotizantes a la vida activa agrava la depresión económica que, particularmente, a los españoles nos afecta con especial virulencia. Y no hace falta ser profeta ni adivino de bola de cristal para vaticinar, con total seguridad, de que no hay poder en este mundo que nos lleve a superarla si no es con la adopción de medidas extraordinarias tendentes a recuperar la población infantil perdida. Cuanto más se tarde en aplicarlas mayor será la dimensión de la catástrofe. La fábula de la sibila y el rey romano, a la que aludía en mi escrito de 3 de Octubre de 2008, precisamente sobre este mismo tema, http://elocasodeoccidente.blogspot.com/2008/12/dos-unicas-medidas-para-superar-la.html#links, concuerda plenamente con la actual situación.
El mercado está sobresaturado, y no adquirimos sino lo indispensable para sobrevivir, considerando superfluos todos los demás bienes de consumo. La convicción de que el camino que llevamos no es el correcto, el empobrecimiento general, y la absoluta falta de confianza en la actual clase política, son los factores que, progresivamente, van paralizando la economía.
Grotescas resultan ahora todas aquellas promesas de futuro, de los charlatanes y embaucadores de izquierda y derecha, fundamentadas exclusivamente en que la baja natalidad nacional había de ser contrarrestada con creces por las prolíficas inmigrantes sudamericanas, alojadas en pisos-patera. No obstante, sobre las mujeres musulmanas albergaban la secreta esperanza de que sucumbirían facilmente a los encantos de nuestra democracia avanzada: el aborto y la eutanasia. ¡ De risa, si no fuese tan patético !
¡ Qué país vamos a levantar sobre los restos insepultos de los niños abortados y arrojados al estercolero, o tal vez convertidos en cosméticos para ponernos bellos y atractivos y así continuar con la bacanal ! Para ellos no habrá exequias fúnebres ni las campanas anunciarán su trágico final. ¡ Cómo es posible tanto silencio cómplice ! ¿ Hasta cuándo Señor, Santo, Verdadero, no juzgarás y vengarás nuestra sangre en los que moran sobre la tierra ? (Ap 6,10).
No está la solución, ya lo vemos, en la adopción de nuevos recortes presupuestarios, ajustes, y no sé cuantos inventos más, bajo la amenaza de embargo por unos cuantos países de la Vieja Europa, mil veces más podridos que nosotros, y que pretenden sanear su economía a costa de reducirnos junto con nuestros hijos a eterna esclavitud. Parece que todo está planificado y que, como mansos corderos, nos someteremos a su gradual y férrea dictadura.
El pasado mes de agosto he vivido en primera fila los graves disturbios de Londres, y comprobé in situ los efectos del paso de las turbas. No podía evitar el pensar en España, la más hermosa entre todas la tierras, ardiendo por los cuatro costados, víctima de la explosión social, y ante la complaciente mirada de sus enemigos seculares diseñadores del plan de ruina moral y económica, en connivencia con sus dóciles delegados y ejecutores del proyecto. ¡ Oh, mía patria, sì bella e perduta !
Ante tal situación, posible y probable, no cabe esperar soluciones políticas, porque además, afortunadamente, no las hay. No es factible reparar de inmediato un daño de tal naturaleza ni la lujuria es un vicio de fácil enmienda. Quien esto desconozca es que ignora la débil condición humana. No se puede derogar la Ley del aborto como muchos esperan, pero sí se puede y se debe atenuar sus mortíferos efectos. ¡ El mal se ahoga con la abundancia de bien ! Primemos la maternidad y la desgracia desaparecerá como por ensalmo ante la sorpresa y frustración del enemigo y sus dóciles colaboradores.
Somos un pueblo generoso con capacidad de llevar a cabo, conjuntamente, los más gigantescas empresas. Doscientos cincuenta millones de euros ha invertido Cáritas el pasado año, según memoria estos días publicada, en dar de comer al hambriento y en vestir al desnudo. Este dinero es producto de las colectas efectuadas en todas los templos de España el primer domingo de cada mes. Yo sé que muchos, desgraciadamente, no se enteran de estas cuestaciones, pero piensen a cuánto ascendería la recaudación si se realizasen con la debida publicidad a través de todos los medios y redes sociales. Pues es necesario hacerlo porque en ello nos va la libertad y la vida.
El problema de España es única y exclusivamente demográfico, y a su resolución tenemos todos que aplicarnos con la mayor diligencia. No hay nada más urgente que justifique su demora, ni siquiera las elecciones generales del próximo 20.
Los políticos nos han metido en este pozo deliberadamente, y así como negaban con descaro la crisis que nos azotaba, y vendían a precio de saldo el oro del Banco de España, también ignoraron dolosamente el progresivo envejecimiento de la población, pese a que todos los medios informaban de que de 222 países del planeta, el nuestro ocupa el lugar 219 en cuanto a natalidad. Ahora han quedado inhabilitados para llevar a cabo tan importante reforma, y en evidencia la mezquindad y la mala fe de todas sus obras y corrupciones. Vamos a levantar a España mediante la aportación generosa siguiendo la pauta desarrollada en el artículo de julio pasado. http://elocasodeoccidente.blogspot.com/2011/07/espana-solamente-la-salvaran-la-caridad.html#links. Es una razón de Justicia, de Derecho Natural, y de instinto de supervivencia, y desde aquí lo pregono una vez más : si no hay nacimientos no hay futuro.
No nos achiquemos. España está destinada a liderar a los países de la Vieja Europa, decrépita y corrompida que, como la torre de Babel, se derrumbará estrepitosamente.
Quien tiene un bebé no sólo tiene un tesoro sino el consuelo eficaz para toda clase penas y amarguras. Ciento veinte mil abortos, a razón de trescientos treinta tres al día, se llevan a cabo en España. ¡ Basta ya de sangría ! Necesitamos sus vidas y sus brazos para trabajar, y sus bocas para consumir. Para nada valen - ya lo vemos -, manifestaciones, firmas, y muchos gritos a favor de la vida, que la casta política, más atenta al número de votos, no ha querido escuchar. Hagamos llegar masivamente a la Conferencia Episcopal y a Cáritas España nuestro firme deseo de colaboración en la campaña a favor de la maternidad : ¡ Ninguna madre sin ayuda económica !
La monserga diaria de rescate, prima de riesgo, y demás terminología con la que pretenden aterrorizarnos, se habrá terminado para siempre, al igual que en Islandia, país del que nada se habla.
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