miércoles 20 de abril de 2011

VIENTO DEL ESTE

"Espoleados por sus líderes integristas inician así la creación de un moderno Califato, es decir, un imperio espiritual y político, verdadera bestia negra para los fines del Nuevo Orden Mundial afanado en la intervención de países, previa y deliberadamente quebrados".


El joven que se inmoló quemándose publicamente ante el Ayuntamiento de Sidi Bouzid, Túnez, el pasado 17 de diciembre, ha sido la chispa que provocó la revolución que desde aquel día, y como reguero de pólvora, se extiende por todos los países árabes del Norte de Africa y Oriente Medio. Los pueblos se levantan contra los dirigentes que durante décadas les oprimían con férreas dictaduras bajo la complaciente mirada de las grandes potencias internacionales autoproclamadas adalides del progreso y la libertad.
Ante el asombro de Occidente, las revueltas de Túnez y El Cairo consiguen derrocar en pocos días a sus dictadores y, como lámpara que se enciende súbitamente en la oscuridad, dejan al descubierto tanto los crímenes de aquellos como la vergonzosa complicidad e hipocresía de los que se dicen defensores de los Derechos Humanos. Y como nada hay oculto que no llegue a saberse, también quedan de manifiesto no sólo las ventas de armas a los dictadores para masacrar al pueblo disidente, sino los cálidos recibimientos con los máximos honores cuando se dignaron visitarnos, y los agasajos e intercambio de presentes.
El coronel Gadafi, - "el hombre que devolvió la dignidad a su pueblo", en palabras de un líder socialista- , a salto de mata, huyendo de los misiles de la coalición, se desvelará en su jaima ambulante meditando sobre la ingratitud de los que, ahora conjurados en bélica alianza, hace escasos meses le recibían con besos y le tomaban fraternalmente de la mano cual niños del puerto ateniense. Y es seguro que también, en sus noches de insomnio y vigilia, no dejará de preguntarse por la suerte seguida por el brioso corcel con el que obsequió esplendidamente a nuestro ex premier conservador con ocasión de su visita oficial a Trípoli, en septiembre de 2003.
Sobre las causas que motivaron este voracísimo incendio que a día de hoy ya se propaga por Siria, Jordania, Arabia Saudita, Yemen y Bahrein, son muchos los que sólo ven deseos de libertad y democracia de unos pueblos oprimidos durante décadas por sanguinarios tiranos. Como ya quedó apuntado, estos sátrapas gozaron hasta ahora de los favores de las potencias internacionales por un doble motivo : el suministro de hidrocarburos, y muro de contención frente al islamismo radical. Pienso, sin embargo, que el origen es mucho más profundo y que estamos asistiendo al comienzo de un hecho histórico de trascendentales consecuencias; una revolución gigantesca, sin parangón en la historia de la humanidad, que dejará minimizadas tanto a la Revolución Francesa como a la Bolchevique. Con ambas tiene en común que son pueblos oprimidos que se levantan contra el absolutismo de los reyes y tiranos. Pero mientras en Francia y Rusia los líderes revolucionarios eran ateos y racionalistas, aquí son religiosos musulmanes que abominan de la inmoralidad de sus gobernantes, verdaderos títeres al servicio de los intereses del capitalismo.
Mil quinientos millones de personas, es decir la cuarta parte de la humanidad, siguen en el mundo la ley islámica. Después de siglos de deambular errantes buscando donde sobrevivir lejos de los tórridos desiertos, hallan los vergeles, ciudades, y vías de comunicación, últimos destellos de una civilización que, como la romana, se extingue víctima de sus excesos. Y en efecto, la actual descomposición moral y económica de Occidente les brinda una ocasión propicia para su expansión como jamás se les presentó en la Historia. Espoleados por sus líderes integristas inician así la creación de un moderno Califato, es decir, un imperio espiritual y político, verdadera bestia negra para los fines del Nuevo Orden Mundial afanado en la intervención de países, previa y deliberadamente quebrados.
Es la fe religiosa de estos pueblos el más poderoso escollo con el que se encuentran los que inútilmente tratan de dominarlos por la fuerza. La infructuosa localización de "armas de destrucción masiva" y consiguiente reducción a cascotes del país-museo de la Humanidad, así como la, hasta ahora, estéril búsqueda de terroristas en la lejana Ruta de la Seda tras nueve años de intensa guerra, no son sino vanos intentos para "detener la aparición de un nuevo califato que una a todos los musulmanes en varios lugares del mundo", en declaraciones del ex general británico Sir Richard Dannatt a la BBC de Londres, el 14 de mayo del pasado año. Asimismo, los analistas políticos de la Casa Blanca ya hablan del Califato como "uno de los cuatro escenarios geopolíticos para el mundo en el año 2020, añadiendo que el islam político tendrá para esas fechas un importante impacto global como líder, uniendo diferentes grupos étnicos y nacionales e incluso la creación de una autoridad que trasciende las fronteras nacionales."
Mientras los musulmanes se unen bajo la Sharía o Ley Islámica, los cristianos, llamados a invitarles a reinsertarse de nuevo al arbol originario del que se desgajaron en el año 622, se consumen divididos en numerosas iglesias, siendo presa fácil del enemigo común y bicéfalo: el neopaganismo y el neomarxismo. Su enloquecida estrategia basada en la erradicación de toda creencia o religión mediante la violencia o la corrupción de las costumbres, encuentra en el campo musulmán un muro infranqueable dada la virulencia con que aquellos reprimen la más mínima afrenta contra sus valores más sagrados, sin embargo su cobardía les permite ofender gratuitamente a los católicos ironizando desde la tribuna pública con el santo nombre de Dios.
No deja de ser grotesco el que una sociedad laica, corrupta, y decrépita pretenda subsistir indefinidamente a costa de explotar la miseria de tan gigantesca civilización cuyo expansionismo irreductible intenta impedir mediante la brutalidad de sus opresores.Tratar de contener lo incontenible o separar lo espiritual de lo material, como pretende el neomarxismo, es un imposible metáfisico que sólo cabe en mentes enfermas gravemente afectadas por la filosofía nihilista a fin de erradicar al individuo de su ambiente natural constituido por la familia, la propiedad, la patria y la religión.
Si el islamismo, al que ahora tanto temen, ha tenido tan rápida difusión en el mundo ha sido, precisamente, por haber desvirtuado por la corrupción y perseguido con ensañamiento a los destinados a reunir a toda la humanidad en "un sólo rebaño bajo un sólo Pastor".
Nunca faltaron ángeles exterminadores para las naciones apóstatas. Tan acelerado será el renacer de unos como precipitado el ocaso de los renegados.
Por último, una noticia, también procedente de Oriente, y que ha de tener grave repercusión en el mundo én los próximos años. El padre de una joven profesora de la Universidad de Hong Kong me informa que en la clase de su hija hay cuatrocientos alumnos, todos varones, y una gran mayoría homosexuales. Es el resultado del exterminio selectivo y sistemático de niñas durante los últimos treinta años. A la vista de este dato no es temerario vaticinar sobre la tormenta que se está gestando en aquel país asiático. Extraña el silencio prudente del autoproclamado "Justiciero de las Mujeres" y del coro de camaradas feministas cuyas voces todavía no hemos logrado escuchar en la Paza de Tiananmen.
josemigueltenreiro@gmail.com
http://elocasodeoccidente.blogspot.com/

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Hace mucho tiempo ya que a los gobernantes de países árabes no les interesa invertir en sus propios territorios.
¿Por qué? Porque si consiguen que la población emigre y llegue a establecerse en Occidente, es cuestión de una o como muchos dos generaciones que adquiera derechos de ciudadanía.
Y mientras los musulmanes no se instalan en la comodidad de los países más desarrollados se reproducen en mayor cantidad que los ellos y en dos días son mayoría.
Luego sólo tienen que imponerse con nuestras propias leyes democráticas y nuestra blanda justicia de la que salen ilesos hasta los terroristas, en tanto que conquistan Eurabia.
Espero no vivir para verlo.