miércoles, 29 de diciembre de 2010

LOS NUEVOS ALMOGAVARES

Los almogávares fueron unas tropas de choque de la Corona de Aragón, integradas por soldados oriundos de los valles pirenaicos que en el siglo XIII formaron parte de aquel ejército invencible que, terminada la reconquista dentro de sus fronteras peninsulares, llevó a cabo la expansión catalano-aragonesa en el Mediterráneo, incorporando a su corona los reinos de Sicilia y Nápoles, y los ducados de Atenas y Neopatria.
En las últimas elecciones autonómicas celebradas en Cataluña, el pasado 28 de noviembre, 92.331 ciudadanos, dignos herederos de aquellos bizarros soldados, utilizando como arma el único recurso legal y democrático para manifestar su repudio a la actual clase política, votaron en blanco, con el sobre vacío, demostrando, siete siglos después que sus antecesores, el mismo coraje y valor por aquellos esgrimido, sin claudicar ante el bochornoso y humillante reclamo de la publicidad política en su recurso a la pornografía, el erotismo, o al morbo de una ursulina en toalla de sauna.
De otra parte, los acuerdos de colaboración llevados a cabo desde el año 2001 entre el sultán de Marruecos y la Generalidad, acogiendo trabajadores a cambio de inversiones catalanas en su territorio, la regularización masiva de inmigrantes sin papeles, y el subsiguiente "efecto llamada", han dado como resultado que la población musulmana en Cataluña haya pasado desde los 30.000 de entonces a los más de 400.000 en la actualidad. No es difícil prever que, siguiendo el ritmo natural de crecimiento de las gentes de este credo, y sin necesidad de la entrada de nuevos contingentes, al cabo de veinte años su número se haya multiplicado hasta alcanzar la cifra de varios millones.
Conocidas las ansias secesionistas de algunos políticos, muchos de ellos catalanes conversos llegados de regiones limítrofes o lejanas tierras, cabe preguntarse de qué país piensan independizarse que no sea Marruecos. Y en segundo lugar, dada la generalidad de las normas, preguntarles si procederán con ellos coactivamente como actúan con los payos en tocante a los signos externos de su religión; si se permitirán burlas o parodias como aquel mamarracho y su cómplice -muy valientes, por cierto- con la corona de espinas; y si, igualmente, les van a prohibir rotulen sus establecimientos en caracteres árabes.
Veo que los acontecimientos se precipitarán y que, así como ahora el creciente e imparable número de musulmanes comienza a ser inquietante para los pseudo-cristianos, más pronto que tarde, éstos acabarán siendo un problema para los musulmanes. Esta será la culminación de la obra emprendida por la clase política, que para entonces ya habrán puesto a salvo sus personas y fortunas.
Como el sol se levanta por el Oriente y su luz va iluminando paulatinamente todas las tierras de España, así esperamos que el espíritu almogávar, encarnado en esos 92.331 votos en blanco, recorra la península desde cabo Creus a Finisterre y San Vicente, y al grito de ¡desperta ferro! nos inste a levantarnos y unirnos en su lucha para sacudir el yugo opresor de esta clase política, que nos esclaviza y adormece con el señuelo del lujo y la lujuria, en pos de los que insensatamente corremos cual reses bravas tras los cabestros, ignorantes de su trágico final.
Que el viento fresco de la tramontana se lleve a todos aquellos que, sin escrúpulos, han saqueado las arcas del Estado dejándonos sumidos en la más espantosa miseria, y al mismo tiempo nos infunda el seny necesario para saber elegir, como representantes, a las nuevas formaciones integradas por gentes dispuestas a servir a España desde la gratuidad, por el altísimo honor que ello significa, en imitación de aquellos caudillos almogávares, Rocafort, Entenza y Roger de Flor, y que junto con Ramón Llull, Juan Fivaller, Jaime Balmes, o Mossen Cinto Verdaguer, forjaron las glorias de Cataluña y de España.

josemigueltenreiro@gmail.com