jueves, 30 de septiembre de 2010

PAGANOS Y MEZQUITAS

Circula por internet una colección de fotografías de mezquitas de las principales ciudades europeas incluida Roma, capital del mundo católico. El autor comenta indignado la proliferación de estos templos islámicos y denuncia la tolerancia de los gobiernos europeos frente a la intransigencia de los países musulmanes a la construcción, en reciprocidad, de iglesias cristianas o cualquier manifestación pública de esta religión.
Circunscribiéndonos a nuestro país y teniendo en cuenta la presencia de, aproximadamente, un millón doscientos mil musulmanes, es lógico pensar que esta gente tiene derecho a practicar su religión, y por consiguiente a construir sus mezquitas en los solares para ese fin, adquiridos en compra o donación, cumpliendo con las disposiciones legales. Son personas a las que se les ha facilitado permiso de residencia, o lograron la nacionalidad española, y quieren practicar los cultos de su religión.
El rápido crecimiento del número de inmigrantes islámicos y su asentamiento en el país que ellos siguen llamando Al-Andalus, por sus ancestros invadido y conquistado hace mil trescientos años, y que guarda tantos tesoros arquitectónicos, primorosamente conservados, fruto de los ocho siglos que aquí permanecieron hasta su expulsión, no hubiese sido posible sin la pasividad, la tolerancia y la traición de muchos, cuyas responsabilidades no son facilmente deslindables.
Desde hace más de treinta años distintos líderes musulmanes no dejan de anunciar en sus discursos la segura conquista, no sólo de Al-Andalus sino de la totalidad de Europa, sin armas ni violencia, valiéndose tan solo del vientre de sus mujeres. Y sus palabras no carecen de fundamento.
Como el imperio romano sucumbió ante los bárbaros cuando el vicio y la corrupción se apoderaron de de aquella sociedad paganizada, con mayor facilidad serán sometidas al islamismo España y las demás naciones europeas. La carencia casi absoluta de recursos religiosos, morales y humanos les convierten en un objetivo ya practicamente superado. Si a esto añadimos la brutal diferencia y consideración al aludido vientre de las mujeres, que ellos con razón consideran un santuario y nosotros un patíbulo, la suerte está echada.
No está demás observar por unos momentos la estela de la ruta seguida hacia la autodestrucción :
Aunque España ha sido un país de milenaria tradición católica, en actualidad las estadísticas hablan de un escaso 17 % de la población que cumple con el precepto dominical, y aun así muchos de ellos de manera poco ortodoxa, empezando las más de las veces por el sacerdote celebrante. Parece un milagro que, a pesar de tanta apatía, se mantengan en pie los más de veintitrés mil templos, entre ermitas, iglesias y catedrales, que salpican la totalidad de nuestro suelo como testigos de la fe de nuestros antepasados de generación en generación, sin solución de continuidad.
Pero ahora nos molesta el sonido de las campanas que nos invitan a la Misa dominical; nos cuesta hacer una genuflexión con la rodilla hasta el suelo delante del Santísimo, o inclinar con reverencia la cabeza ante una imagen de la Señora; resistimos el precepto de dos días de ayuno y abstinencia al año; y taconeamos con insolencia por la nave central del templo en busca de los apetecidos primeros bancos. Sin ánimo de ser más papista que el Papa también me acuso de ver con naturalidad el que se oficie la Misa de espaldas al Sagrario o se relegue a éste a una capilla lateral. Se olvidó el latín como lengua litúrgica universal de los católicos pero se utilizan lenguas vernáculas, con oraciones muchas veces cargadas de odio y que no llegan al cielo.
Veamos ahora, sucintamente, cómo viven su religión nuestros hermanos musulmanes, entre los cuales tengo la suerte de contar con verdaderos amigos en compañía de los cuales he navegado miles de millas a lo largo y ancho de los mares: Acuden a la voz del muecín cuando les llama a la oración desde el minarete de la mezquita, previas las oportuna abluciones, cinco veces al día; descalzos, en dirección a la Meca, oran rostro en tierra; observan riguroso ayuno por el día, incluso de agua, durante el mes del Ramadán, semejante a nuestra molesta Cuaresma; y, por último, todos rezan en una misma lengua, el árabe, que es su idioma litúrgico.
Pero aún así, una nueva invasión musulmana no sería para un verdadero cristiano la mayor de las catástrofes, pues en ellos vemos hijos de Dios a quienes trataremos de hacer partícipes de nuestra Fe, la única verdadera. Aunque para nosotros todos los demás viven en el error, no dejamos de considerar que "también se van cielo todos los moritos buenos", si son buenos. Lo importante es perseverar en la Fe de nuestros padres, en la que hemos sido bautizados, en coherencia con la que vivimos y, con la ayuda de Dios, esperamos morir.
No significó la invasión musulmana desde el año 711 al 1492 el fin del mundo ni de la civilización cristiana, antes bien, reforzada y purificada la Fe católica de España tras ochocientos años de cruzada, le cupo el altísimo honor de llevarla al Nuevo Mundo por ella descubierto en la mayor hazaña que vieron los siglos.
El tsunami laicista e iconoclasta desencadenado contra la Iglesia Católica en el mundo, arrecia particularmente en España dada su secular vocación de evangelizadora y misionera y adalid de la civilización cristiana occidental. Los postulados del Nuevo Orden Mundial, que persiguen un solo gobierno para el mundo, con única moneda, y una sola religión, jamás podrán verse realizados mientras no sea destruida la Iglesia Católica y, por consiguiente, tambien España como nación. Casi se vislumbra ahora con meridiana claridad la verdadera causa del tenaz empeño en erradicar la fe de nuestra patria a partir de la corrupción desde la niñez y de la entrega a los invasores como lo hicieron antaño los traidores el conde Don Julián y el obispo Don Opas.
Un escritor español contemporáneo decía : "Hay en España dos fuerzas que se disputan el predominio de la sociedad, que luchan desesperadamente hasta que una de ellas sea completamente aniquilada. Estas dos fuerzas son la Iglesia Católica, por un lado, y la Sinagoga de Satanás, por otro. Cierto que la lucha no es peculiar de España, sino común a todo el mundo civilizado; pero no es menos que ambos contendientes esperan triunfar en definitiva, si logran el triunfo en nuestra Península, en donde se han resuelto todas las crisis sociales".
Pero en medio de tanta oscuridad todavía brilla un rayo de esperanza. Son las pocas almas buenas que aún quedan entre nosotros; tal vez un sólo dos por ciento de todos los creyentes. Ellas son la levadura que ha de fermentar la masa de infieles y paganos ante la pasividad, el desprecio o el vilipendio de muchos.
Nada podremos lograr contra los enemigos de España y de su religión católica con sólo nuestra fuerza e inteligencia natural. Ya lo advierte la Escritura : los hijos de las tinieblas son más astutos y sagaces que los hijos de la luz. Sus dotes proceden del espíritu del mal y por consiguiente son sobrenaturales e infinitamente superior a las nuestras. Sin mí no podeis hacer nada, nos avisa el Maestro; separados de Él ya vemos el resultado: atados de pies y manos ante los pies de los caballos del enemigo.
Los domingos, algunos buenos pastores despues de celebrar la Misa rezan la oración a San Miguel Arcangel, cuya fiesta hoy celebramos y en atención a la cual, y por la parte de onomástica que me toca, voy a insertarla aquí :
" Arcangel San Miguel,
defiéndonos en la lucha;
sé nuestro amparo contra la adversidad
y asechanzas del demonio:
Reprímale Dios, pedimos suplicantes.
Y tú, Príncipe de la milicia celestial,
arroja al infierno, con el divino poder,
a Satanás y a los otros malos espíritus
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas.
Amén."

josemigueltenreiro@gmail.com