domingo, 25 de julio de 2010

TIEMPO DE REFLEXION

El creciente deterioro de la economía y los temores fundados de la inutilidad de cuantas medidas se adopten para remediar la situación, hacen que ya se comience a hablar, cada vez con mayor insistencia, de un adelanto electoral. La cuestión está ahora en averiguar cuál es la opción política que mejor conviene a los intereses de España en tan delicados y graves momentos históricos.
Contemplando nuestro panorama político no conseguimos divisar a persona alguna que, con suficiente autoridad moral, nos infunda un mínimo de credibilidad para conducirnos a superar esta profunda crisis, sin duda la más grave en los últimos doscientos años.
Nuestra escasa experiencia democrática, tras cuarenta años de Gobierno autoritario, ha permitido el crecimiento de una casta de políticos charlatanes y embaucadores que han hecho uso y abuso de las atribuciones a ellos otorgadas por el pueblo, en la confianza de que todo lo que proviene del Estado ha de ser bueno y conveniente. De este modo se fueron deslizando las leyes del divorcio, el aborto, el matrimonio homosexual, y en preparación las de represión religiosa, y muerte digna o eutanasia. Todas ellas han tenido un efecto corrosivo y destructor en la sociedad cuyos efectos negativos ahora se dejan notar con toda intensidad.
Tras la guerra civil y con el país reducido a cascotes, se comenzó una rápida y eficaz labor de reconstrucción que nos llevaría a formar entre las diez naciones más industrializadas del mundo, siendo la etapa de 1959-75 la de mayor crecimiento económico de nuestra Historia. Como dato significativo cabe señalar que la clase media pasó de un 19,8 % de la población en 1935 a un 45,3% en 1975. Pero bastaron treinta años para que aquella herencia, lograda a base de tantos sudores, quedase dilapidada hasta el punto de encontrarnos a día de hoy al borde mismo de la bancarrota, cuando no precipitados en ella, como aseguran y reiteran prestigiosos economistas.
Las medidas tomadas hasta ahora, tales como la reducción del sueldo de los funcionarios, la congelación de las pensiones o la subida del IVA, no han de tener sino un efecto negativo que agrave más la situación, y ya se intuye que es eso precisamente lo que se persigue para alcanzar la meta de Pobreza Sostenible, en la que una depauperada clase media -presumiblemente conservadora- sostendría con sus impuestos a una creciente legión de masas empobrecidas, a imagen y semejanza de la Venezuela bolivariana. Pero para perfeccionar este sistema que aseguraría el voto mayoritario y, por consiguiente, la permanencia en el poder, hacían falta otras disposiciones aviesamente tomadas con anterioridad a lo largo de los últimos treinta años las que, además de las arriba mencionadas, habrían de enfrentar nuevamente a los españoles en dos bloques irreconciliables.
Paralelamente se lleva a cabo el descoyuntamiento del Estado alentando el secesionismo, dando lugar, contra todo principio democrático, a la imposición de las minorías sobre la mayoría, pues de lo que se trata, en definitiva, es de lograr la completa destrucción de España como nación, objetivo secular de sus enemigos a lo largo de la Historia y que ahora ya parecen tocar con las yemas de sus dedos.
Todo ha sido cuidadosamente calculado y nada, en absoluto, es consecuencia de la crisis en terceros países tal como los EE.UU. donde, por otra parte, ya hace meses la han superado sin necesidad de mayores sacrificios para la población, y su moneda cotiza al alza como en los mejores tiempos. Nadie puede creer que el efecto de una sociedad progresivamente envejecida, hasta el punto de figurar entre las de más baja natalidad del mundo, pasase inadvertido a las administraciones de izquierda y derecha que se han alternado en los últimos treinta y cinco años. Como tampoco resulta admisible el descuido con el que se manejó durante tantos años uno de los dos pilares fundamentales de nuestra economía, como es la construcción.
No creo que haya una sola persona con un mínimo de sentido común capaz de asumir que puede haber futuro sin nacimientos, o que si no se vende un piso se podrá vender un tornillo o una silla.
Todo ha sido una constante confabulación, -y ya no digo contubernio, para no dar ideas o argumentos a los detractores- urdida por el enemigo en la sombra, en cuyas siniestras y oscuras fuentes beben simultáneamente los jerarcas de las distintas formaciones políticas.
Convenía sobre todo que España dejase de ser católica, y para ello se corrompe a los jóvenes desde la niñez, incitándoles a las prácticas sexuales desde edades cada vez más tempranas a fin de alejarles de la religión, conocedores como lo son de que una sociedad carente de principios morales y religiosos se presta mejor a ser conducida con la docilidad del buey llevado al matadero y en el silencio de los corderos. Logrado este objetivo, ya se encuentra expedito el camino para su campaña laicista e iconoclasta en la seguridad del escaso eco de los contestatarios.
No obstante, el rápido empobrecimiento de la población, puesto en evidencia por la proliferación de los establecimientos de compraventa de objetos de oro; el creciente e imparable número de parados; las pensiones y subsidios de miseria de las siempre recurrridas clases más desfavorecidas; y los cincuenta mil indigentes que pernoctan a la intemperie sin más protección que el cartón que les cubre, contrastan con los privilegios y abultadas nóminas de la clase política fijadas por ellos mismos en rarísimo y absoluto consenso, con sus millonarios patrimonios, y con los cada vez más frecuentes y escandalosos casos de corrupción. Todo ello les hace especialmente odiosos a los ojos de una sociedad venida a menos con la que se muestran totalmente insolidarios y desconsiderados. En fiel reflejo con los fariseos del Evangelio, atan pesadas cargas y las ponen sobre las espaldas de los demás, pero ellos ni con un dedo hacen por moverlas. Todo lo hacen para que les vean; gustan de los primeros asientos en los banquetes y de las primeras sillas en los actos públicos, y de ser saludados en las plazas (Mt 23,1-24). Y, en efecto, considero que el someter a los administrados a severas medidas de austeridad sin aplicarse ellos mismos una drástica reducción de sus ingresos, es de una desfachatez intolerable además de una burla para los simples mortales. Y aún más : No creo que a estas alturas haya nadie tan ingenuo como para pensar que el grueso de sus fortunas, aceleradamente amasadas, no se hallen en otro lugar que no sean paraísos fiscales. ¡Y patriota de hojalata el que no evada su plata!, diríase que es la consigna que entre ellos circula.
Ahora nos preparan para pedirnos nuevamente el voto que les confirme en la administración de nuestras vidas y haciendas, y es seguro que lo harán con la celeridad con la que capten que el pueblo se organiza para sacudirse a tales repugnantes sanguijuelas. Mientras tanto tratan de ocultarnos la magnitud de la catástrofe que se avecina ofreciéndonos el señuelo de su baratija favorita : sexo. Este es el descubrimiento y la conclusión a la que han llegado los 666 asesores a sueldo; la piedra filosofal; el remedio para todos los males : ¡Dadles sexo!, parecen gritar. Sexo que perturba y embrutece, que insolenta y acobarda. Que impide los nacimientos, escandaliza a los niños, corrompe a los jóvenes, disuelve las familias, es el origen de los crímenes pasionales, y arruina la sociedad.
Todo esto te daré si postrándote ante mí me adorares (Mt 4,1), es la última oferta del tentador al Señor, ayuno en el desierto. Nuestras vidas, nuestros bienes y nuestra libertad, a cambio de ¡ sexo en la irresposabilidad y aborto en la impunidad !
Pero no todo sale según sus oscuros cálculos. El feliz triunfo de nuestra Selección en el campeonato mundial de futbol, ha sido el detonante que originó una explosión de júbilo nacional como jamás se recuerda. La bandera roja y gualda, símbolo de nuestro espíritu indomable, secuestrada, ultrajada y maldecida durante más treinta años por mezquinos intereses partidistas, recorrió en triunfo todos los pueblos y ciudades de España, y todavía cubre los balcones y ondea sin complejos en edificios y vehículos, al igual que las de los respectivos países, y que siempre mirábamos con envidia, en Londres, París o Nueva York. Tantos años alentando separatismos, y cuando todo hacía pronosticar que el espíritu español ya había muerto y que España, por consiguiente, era ya un cadáver, ¡providencialmente, milagrosamente! un evento deportivo de primera magnitud contra el que nada pudo ni el juego sucio de los contrarios ni la arbitrariedad de un árbitro parcial, hace que el pueblo vuelva a resurgir y sentirse unido y orgulloso de ser español.
Y como decía al comienzo de este escrito, hace docientos años España se debatía como ahora entre la vida y la muerte, víctima de una crisis económica e institucional sin precedentes. Es el pueblo el que se levanta contra el enemigo invasor y logra expulsarle tras cinco años de guerra. El cura Merino, Juan Martín Díaz el Empecinado, Palafox, o la barcelonesa Agustina de Aragón, figuran entre los héroes populares de aquella contienda. El rey Fernando VII felicitaba a Napoleón por los éxitos de su ejército sobre los españoles. Y también hubo Pepes de triste memoria, como Pepe Botella.
Ante una crisis de tan suma gravedad como la de hace dos siglos, ha de ser igualmente el pueblo el que ponga solución a través de los recursos democráticos, procediendo a jubilar en su totalidad a la actual clase política. Sus designios ya han sido descubiertos. No podemos soportar por más tiempo sus vanas promesas y sus vacíos discursos. Conocemos la enfermedad que nos afecta, que ellos mismos nos inocularon y de la que ahora dicen tener el remedio saludable. Queremos retirarle la confianza que jamás merecieron.
Allá muevan feroz guerra ; allá se queden con sus mansiones y sus holdings, con sus bufandas de marca y sus gestos petulantes y groseros, con sus trajes a medida, con sus modelos de boutique, y con sus apartamentos en Saint Tropez -o inmediaciones- con gendarme incluido. Todo adquirido a cuenta del sudor de los españoles, sangrados y exprimidos. La Justicia, lenta pero segura, depurará responsabilidades.
Nuestro agradecimiento al Apostol Santiago que en su Año Jubilar intercede especialmente por su nación, y que mucho ha tenido que ver en la victoria que nos permitió sacar del armario del oprobio a la gloriosa Bandera, preludio de tiempos mejores en los que, sacudido el yugo de la esclavitud, haremos sonar por la vieja Europa la campana de la Libertad. Entoces cantaremos unidos las estrofas del himno de la Fe, hasta ahora ahogado en la garganta : ¡ Gloria a la Patria que supo seguir sobre el azul del mar el caminar del sol !