jueves, 17 de junio de 2010

PARODIA NACIONAL

Dos acontecimientos registrados en los últimos días me inducen a publicar el presente artículo. Y a los que califico de parodia, sinónimo de comedia, teatro, farsa, pantomima, o engaño.
El primero de ellos, de índole político, tiene lugar el pasado día 1, fecha en la que el Partido Popular presentó ante el Tribunal Constitucional su recurso a la nueva Ley del Aborto, solicitando la paralización de nueve puntos de la misma.
Conviene recordar que el PP no ha sentido escrúpulos de conciencia al gobernar durante dos legislaturas consecutivas -una de ellas con mayoría absoluta- con la todavía vigente Ley aprobada por los socialistas en 1985. Cerrando los ojos a la realidad, ha cohabitado con la inicua norma durante los ocho años de mandato, no sólo ignorando su existencia sino que, en absoluto, se esforzó en adoptar medidas que anulasen o atenuasen sus mortíferos efectos. Aquéllos tiraron la piedra y éstos escondieron la mano.
El portavoz de Justicia del PP, por su parte manifestó que su partido llevará al programa de las próximas elecciones la abolición de la citada ley de muerte, que entrará en vigor el 5 de julio. Pero su promesa es tardía e interesada, pués ya quedó probado durante su etapa de gobierno la ausencia de preocupación por la vida de los no nacidos y por el saneamiento moral de la sociedad, y particularmente de los jóvenes
El aborto o interrupción violenta del embarazo no es la raiz del problema sino el efecto perverso de una causa que tiene su origen en una sociedad descristianizada, sin valores morales ni religiosos. No está la gravedad en el hecho de que, a partir de ahora, las jóvenes mayores de 16 años puedan poner fin a su embarazo sin la previa autorización de sus padres. El rasgarse las vestiduras por ello es un acto de auténtico fariseísmo, pues mucho dudo que haya algún padre que, tras conocer el embarazo de su hija menor, no le falte tiempo para acompañarla el mismo a la clínica abortista más próxima.
La solución del problema tiene que comenzar mucho antes, inculcando en los niños a través del colegio y la familia aquellos principios que hoy consideramos obsoletos. Y ya vemos cuánto tiene que cambiar la sociedad para que vayan quedando atrás, como si de una pesadilla se tratase : los botellones, las noches de fiebre y orgía juvenil, la ingesta masiva de toda clase de "píldoras", y el morboso afán de los políticos para despertar prematuramente en los niños instintos que, por naturaleza, debieran permanecer dormidos algunos años más.
Pero es la hora de los gusanos, en la que todo se profana, todo se babosea, todo se adultera, todo se corrompe.
¡ Ay del mundo por los escándalos ! Porque no puede menos de haber escándalos; pero ¡ay de aquel por quien viniere el escándalo! (Mt 18,7). El tono de la santa indignación del Señor a causa del escándalo de los inocentes no deja duda del gravísimo crimen que su violenta muerte representa.
El segundo acontecimiento, de carácter religioso, tuvo lugar el pasado jueves día 3 durante la celebración de la procesión del Corpus Christi en Toledo. Por vez primera, después de muchos años, el nuevo Reglamento de Honores Militares impidió que los cadetes de la Academia de Infantería honrasen al Santísimo Sacramento como era habitual. La ausencia de la Bandera, y el Himno Nacional interpretado en esta ocasión por la banda municipal, han sido los aspectos más protestados por la opinión pública.
Atrás quedan aquellos años en que el Ejército cubría carrera y, rodilla en tierra, rendía armas al paso del Santísimo. Pero aquel fervor religioso se fue enfriando al mismo tiempo que cambiaba la sociedad, y hoy el pueblo asiste al espectáculo mientras permanece ajeno al misterio de amor encerrado en la Custodia de Arfe, sin acertar a comprender que es al mismo Jesucristo a quien allí se venera, y que ha querido quedarse con nosotros hasta la consumación de los siglos (Mt 28,20).
Parecen ignorar también, que gobierna el partido socialista, votado por once millones de personas, y que lo hace en perfecta coherencia con sus principios : racionalista, ateo y republicano. La presencia de las unidades militares estará supeditada a lo que el Ejecutivo determine, pero su total ausencia, juntamente con la bandera y la banda de música no tendría porque restar brillantez al solemne acto. Y en tal sentido se ha pronunciado el Cardenal Primado quien acertadamente manifestó que "el Corpus no es el Himno Nacional". Tal vez esta obligada pobreza de medios sea el revulsivo que nos haga reaccionar, pues nunca se aprecia bastante una cosa hasta que nos vemos privados de ella.
No ha faltado, no obstante, la nota frívola del batallón de mujeres minifalderas, cuando no con impúdicos escotes, habitual ya en todas las procesiones de España.
Desde un balcón privilegiado de la Plaza Zocodover contemplan la función los jerarcas del Partido Popular, que no se distinguen precisamente ni por su fervor religioso ni por su ardor patriótico, y entre los cuales se hallaba aquel que calificaba de coñazo el desfile militar de día de la Fiesta Nacional.
Un cortejo de niños pequeños, -aquellos que por su corazón puro y mirada limpia el Señor abrazaba y bendecía (Mc 10,14)- sí que sería el digno acompañamiento de la Sagrada Custodia, a cuyo séquito, y por su espíritu generoso, podrían unirse todas las futuras madres, sin distintinción de raza o nacionalidad, cuyas criaturas en gestación exultarían en su seno al igual que lo hiciera Juan el Bautista en el vientre de Isabel (Lc 1,41). Todo ello, junto con las estrofas del bellísimo Himno Eucarístico entonado por la multitud, constituiría una verdadera manifestación de culto público y solemne, de adoración y gratitud a la Sagrada Eucaristía.
Pero el descrito e imaginario acto, tan espléndido como sencillo, mucho me temo, dado el curso de los acontecimientos, que han de pasar muchos años hasta que podamos vivirlo.
Se postrarán ante ti, Señor, todos los reyes de la tierra. Pero, desgraciadamente, ya comprobamos como son pocas las personas que veneran inclinadas a tan gran Sacramento y que muchas serán las lágrimas de penitencia que se han de derramar hasta anegar, purificándolo, el suelo de España. Y mientras tanto, socialismo, el látigo con el que Dios fustiga a las naciones apóstatas; a los pueblos que, como el nuestro, han renegado de la fe legado de sus mayores, al igual que en el siglo V castigó con Atila a los cristianos que habían abrazado el arrianismo. Un eventual triunfo de la derecha en las urnas no significará, en absoluto, que aquel castigo haya quedado conjurado. La vuelta al poder del socialismo, la mayor de las catástrofes sociales, dejará sentir con todo su rigor la justicia divina.
Y por último, una obligada referencia a un amplio sector del clero religioso y secular que, vulnerando lo prescrito en el Código de Derecho Canónico, incumplen los deberes de su ministerio no llevando la indumentaria que les identifique como tales; ofician las celebraciones litúrgicas sin los ornamentos requeridos, o los visten con desidia; o rehuyen el confesonario obligando a los fieles a mendigar el sacramento de la Penitencia, cuando no a recibir el Cuerpo de Cristo sin las debidas disposiciones.
Todo ello tiene un efecto desastroso en la sociedad que, para alborozo de los enemigos de España y de nuestra religión católica, una buena parte del pueblo ha perdido la fe en Dios y por tanto, ya no cree, ni adora, ni espera, ni le ama. Bien lejos de los frutos que tal vez aquellos ministros de la Iglesia esperaban alcanzar, por doquier sólo se observa cizaña, espinos y agrazones.
.. mudo y absorto y de rodillas, como se adora a Dios ante su altar .. ¡Qué claro lo tenían hace más de ciento cuarenta años!
Es verdad que no todos son así y que todavía quedan algunas almas buenas en mérito de las cuales la ira del cielo no se ha descargado todavía sobre nosotros. Mucho puede su fervorosa oración, y mil veces confío más en su eficacia que en la del ejército más poderoso del mundo con sus bélicos aparatos. Y bien lo sabe el enemigo en la sombra, instigador de la última persecución religiosa de 1931-39, la más sangrienta que registra la Historia, durante la cual fueron martirizados más de siete mil sacerdotes y religiosas en el último y desesperado intento para erradicar la fe de España. Mas ahora vuelve de nuevo a la carga siguiendo la máxima de que para destruir un pueblo hay que inundarlo de pornografía, pues nada mina más la moral y las buenas costumbres que tan pegajosa materia en sus múltiples manifestaciones.
Próxima la media noche, finalizo este artículo con la invocación a la Santísima Virgen, Estrella de los mares, iris de eterna ventura. Imposible, sin Ella, caminar por el barro y no salpicarse, andar por el mundo y no ser un mundano : Quiero Madre, cual niño pequeño, en tu regazo divino dormir.