jueves, 13 de mayo de 2010

BAJEMOS LA PRESION

Inicio esta singladura en una fecha tan señalada como la de hoy sintiéndome muy cerca del Papa en el santuario mariano de Fátima. Y lo hago con el sincero propósito de aportar un átomo de paz en medio de tanta crispación.
La grave situación económica, al borde mismo de la quiebra, obligó al Gobierno a tomar drásticas medidas para reducir el gasto público. Para los próximos meses se anuncian nuevas vueltas de tuerca con más subidas de impuestos. Pero la mayoría del pueblo, presa de gran temor, duda de la eficacia de tales medidas y se pregunta si tras un año de espartana austeridad se volverá a generar empleo, aun cuando sea mínimamente.
Un problema de tal magnitud, como jamás se recuerda en nuestra Historia, exige, más que soluciones políticas y económicas, -que sólo incidirían en los efectos- el reconocimiento de la culpa que la sociedad haya tenido en él. Sólo así se puede actuar sobre la causa y mirar cómo tratar el mal en la raiz. Treinta años de apostasía y disipación nos han traído este castigo que sólo los duros de cerviz negarán reconocer.
Sucesivas Administraciones de la derecha y de la izquierda se turnaron en el Gobierno sin reparar jamás en el perjuicio social acumulado. No es justo, por lo tanto, arremeter ahora contra el actual jefe del Ejecutivo como único responsable de una situación heredada, y viciada durante más de veinte años. No hubiese tenido ningún poder si no le hubiera sido dado de lo Alto (Jn 19 ,11). Los gobiernos son fiel reflejo de la sociedad que les elige; y para que cambie el Gobierno y su signo político ha de cambiar primero la sociedad.
La siempre correlación entre temperatura religiosa y presión politica es aquí más que evidente, pues mientras la primera está bajo mínimos la segunda alcanza niveles de peligro. Por consiguiente, dejemos de atizar la caldera con amenazas de paros y huelgas generales en la seguridad de que nada conseguiremos, salvo empeorar la situación. Estoy totalmente persuadido de que los líderes del PP no lo harían mejor; esto no tiene solución política ni económica. Más que políticos, lo que precisaríamos ahora serían teólogos que, a la luz de la doctrina de la Iglesia Católica, nos mostrasen el camino seguro, que tras la penitencia, nos condujese de nuevo a la vida.
Finalizo esta singladura invocando a Nuestra Madre de Fátima en el aniversario de su aparición : ¡ Bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios !

viernes, 7 de mayo de 2010

¡ HAY SOLUCIONES !

Cunde el pánico en los mercados internacionales y la bolsa española acumula cuatro jornadas consecutivas de fuertes caídas.
Resulta admirable la frivolidad con que a diario se comenta la triste realidad de España a través de los distintos medios, sin jamás apuntar solución alguna, por leve o descabellada que sea, para superar o atenuar el grave deterioro económico al borde mismo de la quiebra.
Desde distintos foros, expertos en economía opinan que la situación es complicada y requiere medidas de ajuste rápido que nadie se atreve a concretar, pero ya se percibe que nos hallamos en un túnel sin salida y que lo único que procede es dar marcha atrás y tomar una nueva vía.
Nuestra actual situación es el resultado del deterioro moral iniciado hace treinta años con las leyes del aborto, el divorcio, y el matrimonio gay entre otras, verdaderas culpables del envejecimiento de la población y, por consiguiente, del paulatino empobrecimiento que ahora culmina en colapso y ruina económica.
Un axioma de economía asegura que la prosperidad económica es consecuencia de la expansión demográfica, o lo que es lo mismo, sin nacimientos no hay futuro. Y efectivamente, el bajo índice de natalidad de 1,38 hijos por mujer nos convierte en el país más viejo del mundo, muy lejos del 2,1 de los EE.UU que, ya solamente por eso, le asegura, además del relevo generacional, la superación de la actual crisis con mucha más facilidad que a toda la vieja Europa, con una media de nacimientos de 1,5 hijos.
Pero nuestros niños, en una gran mayoría se fueron por el desagüe del bidé y otra buena parte, ya concebidos, acabaron triturados en el cubo de la basura. Y todo esto, al margen de la cuestión moral, tiene un elevadísimo precio que la Naturaleza, justiciera inexorable, ahora nos hace pagar. Ya lo advertía el poeta Baudelaire, muerto a los 46 años víctima de la sífilis : Tan vivo es el gozo como cruel el castigo. Pues el castigo es lo que ahora nos espera, y sólo los insensatos son incapaces de comprender esta triste realidad.
No se necesitaban muchos esfuerzos de imaginación para vislumbrar este trágico final tras las reiteradas y calculadas medidas encamindas a tratar de dividirnos, como en época pre-bélica, en dos bloques irreconciliables, desenterrando viejos fantasmas y llevando a cabo un verdadero tsunami iconoclasta y laicista, al mismo tiempo que se inculca en nuestros jóvenes la veneración por los nuevos dioses: el sexo, el vientre y el dinero.
Pero hay soluciones, que ellos no pueden ver, porque Dios ciega a quien quiere perder :
Si analizamos la situación observamos que el origen del mal está en estos dos factores : aborto libre y pisos de lujo, exponentes ambos del hedonismo capitalista en el que hemos vivido en esta época pasada de vacas gordas, y en la que se han turnado en el Gobierno socialistas y populares. Ninguna de estas formaciones reparó en las nefastas consecuencias derivadas de su desacertada gestión, invirtiéndose la pirámide generacional tan bien conformada tras el baby-boon de los años 70, y propiciando la explosión de la burbuja inmobiliaria, a la sombra de la cual se enriquecieron tantos políticos de uno y otro partido.
Vemos ahora que el remedio de nuestros males está forzosamente en seguir la dirección contraria a la que traíamos : familias numerosas y casas baratas.
Urge estimular la natalidad mediante el incentivo de 200 euros mes e hijo, a todas las mujeres nacionales, a partir del tercero y hasta la mayoría de edad, y libres de impuestos.
Las casas baratas, cuya construcción aliviaría en gran medida el problema del paro, se ofrecerían a todas las personas que cumplan el baremo, muchas de las cuales viven hoy hacinadas en pisos-patera, y a un precio en venta o alquiler no superior a 200 euros mes. Estos inmuebles serían un eficaz elemento regulador del precio de la vivienda. El millón de pisos vacíos de hoy en día, lo son para una determinada clase social y por tanto no válidos para las gentes modestas.
Pues hasta aquí las medidas efectivas y de Derecho Natural que nos salvarán de la catástrofe; las únicas que justificarían el sacrificio del esfuerzo económico para llevarlas a cabo, pues su sólo anuncio ya nos alegra el ánimo y despeja del horizonte tan negros nubarrones.