Inicio esta singladura en una fecha tan señalada como la de hoy sintiéndome muy cerca del Papa en el santuario mariano de Fátima. Y lo hago con el sincero propósito de aportar un átomo de paz en medio de tanta crispación.
La grave situación económica, al borde mismo de la quiebra, obligó al Gobierno a tomar drásticas medidas para reducir el gasto público. Para los próximos meses se anuncian nuevas vueltas de tuerca con más subidas de impuestos. Pero la mayoría del pueblo, presa de gran temor, duda de la eficacia de tales medidas y se pregunta si tras un año de espartana austeridad se volverá a generar empleo, aun cuando sea mínimamente.
Un problema de tal magnitud, como jamás se recuerda en nuestra Historia, exige, más que soluciones políticas y económicas, -que sólo incidirían en los efectos- el reconocimiento de la culpa que la sociedad haya tenido en él. Sólo así se puede actuar sobre la causa y mirar cómo tratar el mal en la raiz. Treinta años de apostasía y disipación nos han traído este castigo que sólo los duros de cerviz negarán reconocer.
Sucesivas Administraciones de la derecha y de la izquierda se turnaron en el Gobierno sin reparar jamás en el perjuicio social acumulado. No es justo, por lo tanto, arremeter ahora contra el actual jefe del Ejecutivo como único responsable de una situación heredada, y viciada durante más de veinte años. No hubiese tenido ningún poder si no le hubiera sido dado de lo Alto (Jn 19 ,11). Los gobiernos son fiel reflejo de la sociedad que les elige; y para que cambie el Gobierno y su signo político ha de cambiar primero la sociedad.
La siempre correlación entre temperatura religiosa y presión politica es aquí más que evidente, pues mientras la primera está bajo mínimos la segunda alcanza niveles de peligro. Por consiguiente, dejemos de atizar la caldera con amenazas de paros y huelgas generales en la seguridad de que nada conseguiremos, salvo empeorar la situación. Estoy totalmente persuadido de que los líderes del PP no lo harían mejor; esto no tiene solución política ni económica. Más que políticos, lo que precisaríamos ahora serían teólogos que, a la luz de la doctrina de la Iglesia Católica, nos mostrasen el camino seguro, que tras la penitencia, nos condujese de nuevo a la vida.
Finalizo esta singladura invocando a Nuestra Madre de Fátima en el aniversario de su aparición : ¡ Bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios !
LA HONESTIDAD Y LOS PRINCIPIOS EN LA POLITICA, UN OBJETIVO NECESARIO
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Hace 3 días