domingo, 25 de abril de 2010

" REINARÉ . . . . . ."

Reinaré en España, y con más veneración que en otras muchas partes, es la promesa del Sagrado Corazón de Jesús al P. Bernardo Francisco de Hoyos, en Valladolid, el día 14 dEliminar formato de la seleccióne mayo de 1733, motivo de alegría y firme esperanza para los españoles de todas las generaciones.
El P. de Hoyos, como es sabido, fallecía con tan solo 24 años después de un intenso apostolado de la devoción al Sagrado Corazón, no solamente en España, sino también en Hispanoamérica y Filipinas. Fruto de su activa y piadosa labor fueron las sucesivas consagraciones al Divino Corazón de diversas naciones de la América Hispana y la multiplicación de santuarios e imágenes por todo el mundo católico desde Barcelona a Río de Janeiro.
El pasado domingo 18, ha tenido lugar en aquella ciudad castellana la solemne ceremonia de beatificación de este religioso jesuita, claro testimonio de la presencia en la Iglesia de sacerdotes santos, en palabras del Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, que presidió el acto.
España ha sido oficialmente consagrada al Sagrado Corazón de Jesús por el rey católico Alfonso XIII, el 30 de mayo de 1919, en aquel, desde entonces histórico Cerro de los Angeles, centro geográfico de la Península Ibérica, donde se levanta la basílica y el pedestal con la sagrada imagen, visibles a muchos kilómetros de distancia.
Precisamente, hace solamente unos días, viajaba en el tren Málaga-Madrid, a primera hora de la mañana, y ya próximos a la capital, reparaba en el hoy Monumento Nacional que se divisaba en la lejanía. En los breves segundos durante los cuales puedo contemplar la estampa, considero la feliz iniciativa llevada a cabo por nuestros próximos antepasados, de poner a Cristo en el corazón mismo del solar patrio, y hacia allí dirijo en humilde plegaria aquellos versos de la "Ofrenda del Marinero", de la liturgia castrense, que, espontáneamente, me brotan desde el fondo del alma :
"¡ Bendícenos Séñor, bendice a España !"Es seguro que muchos serán los que hoy en día desearían ver materializada la promesa del Señor al P. de Hoyos, y sobre todo en estos tiempos de profunda crisis, preludio inmediato de otros de angustia y tribulación como ya se perciben. Parecen desconocer las reiteradas manifestaciones del Maestro en cuanto a su Reino: que no es de este mundo, que no se manifiesta ostensiblemente, y que ya se halla entre nosotros.
"¡ Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor !" Y es verdad que España goza de especial predilección dentro de los designios divinos puesto que ni el paganismo romano, ni el arrianismo visigodo, ni ocho siglos de islamismo, ni la sangrienta persecución de 1931-39, han logrado erradicar la fe de este pueblo, aquilatada durante milenios, y que se derramó con espíritu evangelizador y misionero hasta todos los rincones del orbe.
España ha enseñado a rezar al mundo, y es seguro que aún nos aguardan más altos destinos. Pero esto provoca las iras del enemigo que, tras sucesivos asaltos encaminados a destruir nuestra fe milenaria, ya ve expedito el camino para el dominio del mundo una vez derrotado tan formidable bastión y factor principal de la victoria. La promesa del Señor nos llena de esperanza y fortalece nuestro espíritu abatido, ante el panorama desolador de ruina moral y consiguiente hundimiento económico.
El que ha vencido al mundo desbaratará los planes de los enemigos de España y de su fe católica como trabó las ruedas de los carros del Faraón y los hizo avanzar pesadamente (Ex 14,15). De donde se deduce, que no habrá poder en la tierra capaz de sacarnos de la profunda sima en la que nos hallamos, si no es un Gobierno que haga de la Ley de Dios la inspiración de su política y de las leyes.
"Reinaré en España ...... " Pero su reinado exige la correspondencia de nuestro corazón contrito y humillado. Creo necesario recordar que somos un pueblo impenitente y que pesan sobre nuestra conciencia gravísimos crímenes por los que hasta ahora no hemos hecho pública reparación. La sangre de las víctimas inocentes, que empapa nuestra tierra, exige una colosal manifestación de duelo colectivo, una Jornada Nacional de Expiación y Desagravio, pues nuestro solar patrio ha de ser purificado, anegado, con las lágrimas de la contrición o, de lo contrario, lo será de nuevo con las lágimas del luto.
Apelo desde aquí a la Conferencia Episcopal Española, a las organizaciones católicas pro-vida, y a todos los que se dignan acercarse a esta modesta tribuna, cada uno según sus posibilidades, a llevar a cabo las gestiones necesarias para institucionalizar el día 28 de Diciembre como de Jornada Nacional de Expiación y Desagravio, en memoria del millón y medio de seres engendrados en la irresponsabilidad y asesinados en la indefensión, y a preparar y asistir a la magna concentración de pública penitencia que, como las gentes de Nínive, logre conmover al Señor y se vuelva del furor de su ira (Jon 3,9).

sábado, 3 de abril de 2010

VUELTA A LA ESPIRITUALIDAD

En la noche del pasado 31 de marzo, y en un programa de máxima audiencia de una conocida cadena de televisión, se preguntaba a los telespectadores " si creían que se estaba perdiendo el carácter religioso de la Semana Santa". Al finalizar, un 71,3 % de las llamadas efectuadas lo habían sido en sentido afirmativo y, en concordancia con ello, varios de los mensajes remitidos denunciaban la conversión, de lo que antaño fue una pública manifestación de fe, en "una parodia, con disfraces, escotes, maquillajes y charangas", o en su devenir "laico y folclórico".
A la vista de lo anterior conviene recordar que, aunque el 94% de la población española se declare católica, sólo el veintinueve por ciento asegura ser practicante, y apenas el diecisiete, cumplir con el precepto dominical. De todo ello se deduce una leve, pero saludable reacción, en contra la altísima presión del mundo y el tsunami laicista que nos afectan. Confirma esta circunstancia el hecho de que, por primera vez en muchos años, se haya observado una ligera inflexión en el constante descenso del número de seminaristas que, felizmente, ha pasado de 1223 a 1265, con una diferencia, como se observa, de 42 más en el curso actual.
La mies es abundante y muy pocos los segadores para atenuar los efectos devastadores sobre la cosecha, pasto de la sagacidad y la astucia del enemigo. El Maestro, en aquella noche en la que todos dormíamos mientras El velaba con infinita tristeza aguardando el beso de la traición, nos insta a rogar al Padre envíe segadores a su mies. Él nos lo manda y nosotros, dóciles, le obedecemos conscientes de que, precisamente, porque Él lo quiere, nuestra oración -incluso la mía- es omnipotente.
El Papa Juan Pablo II aseguró que el siglo XXI sería el siglo de la espiritualidad. Y, efectivamente, parece que, en palabras de uno de los grandes filósofos católicos del siglo XIX, la gente ya comienza a darse cuenta de que "al mismo tiempo que disminuye la fe, disminuyen las verdades en el mundo; y que la sociedad que vuelve la espalda a Dios, ve ennegrecerse de súbito con aterradora oscuridad todos sus horizontes."
Jesucristo es la luz del mundo, y los cristianos estamos llamados a llevar la luz de su palabra a todos los rincones de la tierra, esforzándonos en ser, no sólo otro Cristo, sino ¡el mismo Cristo!
El Viernes Santo, conmemoración de su Pasión y Muerte, Él nos anima a seguirle cargando cada uno con la cruz asignada, con nuestro dolor en el cuerpo o en el alma, porque cargar con la cruz junto al Señor es aliviarle, aunque sólo sea levemente, del peso de la suya, como lo hiciera, si bien forzado, aquel hombre de Cirene y que, no obstante, vio recompensada su colaboración con la gracia de ser contado, junto con sus hijos, entre la comunidad de los fieles cristianos de la primera hora.
Hoy como ayer, la multitud contempla indiferente o curiosa el paso de la comitiva de los reos hacia el patíbulo. Los amigos y los mil veces favorecidos huyeron acobardados o, desde lejos, miran discretamente. Solamente una mujer, -¡siempre el valor de las mujeres se crece ante la cobardía de los hombres!- se atreve a romper el cerco de las turbas y la soldadesca, y ofrece al Señor el suave consuelo de un paño con el que enjuga su rostro ensangrentado y dolorido.
Hoy como ayer los enemigos de la Cruz redentora de Cristo, torpemente se embravecen contra ella en violento tsunami iconoclasta. Nada hay que temer; nos conmoveremos ante insolentes abominaciones pero también admiraremos sublimes portentos. Tras las lágrimas renacerá la alegría y, recompuesto, todo volverá a brillar con nuevo resplandor.
La Liturgia de estos días, sumamente aleccionadora, nos anima a perseverar sin desfallecer. Advertidos estamos de que el rebaño se dispersará ante el Pastor herido y así será presa fácil de los depredadores; en la unidad está nuestra fuerza. El que ha vencido al mundo desbaratará los planes de los enemigos de España y de su fe milenaria como trabó las ruedas de los carros del Faraón y los hizo avanzar pesadamente (Ex 14,15). ¡Qué elocuentes palabras, que hablan por sí solas, para estos tiempos de angustia y tribulación!
Quiero seguir a Cristo portando mi cruz, aun con el cuerpo o el alma desgarrados por el dolor, porque sé que no he de morir, ¡ viviré para cantar las hazañas del Señor ! (Sal 117,17)
En la solemne Vigilia Pascual de esta noche santa responderemos al salmo con más firmeza y alegría que nunca : ¡¡ Cantemos al Señor, sublime es su Victoria !!
En la Vía Dolorosa el Señor encuentra a María, su Santísima Madre que, por donación divina, también lo es mía : Bajo su manto me acojo y ahí quiero vivir y morir. A Élla ruego me libre de todo pecado y me dé su santa bendición.