Cunde el pánico en los mercados internacionales y la bolsa española acumula cuatro jornadas consecutivas de fuertes caídas.
Resulta admirable la frivolidad con que a diario se comenta la triste realidad de España a través de los distintos medios, sin jamás apuntar solución alguna, por leve o descabellada que sea, para superar o atenuar el grave deterioro económico al borde mismo de la quiebra.
Desde distintos foros, expertos en economía opinan que la situación es complicada y requiere medidas de ajuste rápido que nadie se atreve a concretar, pero ya se percibe que nos hallamos en un túnel sin salida y que lo único que procede es dar marcha atrás y tomar una nueva vía.
Nuestra actual situación es el resultado del deterioro moral iniciado hace treinta años con las leyes del aborto, el divorcio, y el matrimonio gay entre otras, verdaderas culpables del envejecimiento de la población y, por consiguiente, del paulatino empobrecimiento que ahora culmina en colapso y ruina económica.
Un axioma de economía asegura que la prosperidad económica es consecuencia de la expansión demográfica, o lo que es lo mismo, sin nacimientos no hay futuro. Y efectivamente, el bajo índice de natalidad de 1,38 hijos por mujer nos convierte en el país más viejo del mundo, muy lejos del 2,1 de los EE.UU que, ya solamente por eso, le asegura, además del relevo generacional, la superación de la actual crisis con mucha más facilidad que a toda la vieja Europa, con una media de nacimientos de 1,5 hijos.
Pero nuestros niños, en una gran mayoría se fueron por el desagüe del bidé y otra buena parte, ya concebidos, acabaron triturados en el cubo de la basura. Y todo esto, al margen de la cuestión moral, tiene un elevadísimo precio que la Naturaleza, justiciera inexorable, ahora nos hace pagar. Ya lo advertía el poeta Baudelaire, muerto a los 46 años víctima de la sífilis : Tan vivo es el gozo como cruel el castigo. Pues el castigo es lo que ahora nos espera, y sólo los insensatos son incapaces de comprender esta triste realidad.
Resulta admirable la frivolidad con que a diario se comenta la triste realidad de España a través de los distintos medios, sin jamás apuntar solución alguna, por leve o descabellada que sea, para superar o atenuar el grave deterioro económico al borde mismo de la quiebra.
Desde distintos foros, expertos en economía opinan que la situación es complicada y requiere medidas de ajuste rápido que nadie se atreve a concretar, pero ya se percibe que nos hallamos en un túnel sin salida y que lo único que procede es dar marcha atrás y tomar una nueva vía.
Nuestra actual situación es el resultado del deterioro moral iniciado hace treinta años con las leyes del aborto, el divorcio, y el matrimonio gay entre otras, verdaderas culpables del envejecimiento de la población y, por consiguiente, del paulatino empobrecimiento que ahora culmina en colapso y ruina económica.
Un axioma de economía asegura que la prosperidad económica es consecuencia de la expansión demográfica, o lo que es lo mismo, sin nacimientos no hay futuro. Y efectivamente, el bajo índice de natalidad de 1,38 hijos por mujer nos convierte en el país más viejo del mundo, muy lejos del 2,1 de los EE.UU que, ya solamente por eso, le asegura, además del relevo generacional, la superación de la actual crisis con mucha más facilidad que a toda la vieja Europa, con una media de nacimientos de 1,5 hijos.
Pero nuestros niños, en una gran mayoría se fueron por el desagüe del bidé y otra buena parte, ya concebidos, acabaron triturados en el cubo de la basura. Y todo esto, al margen de la cuestión moral, tiene un elevadísimo precio que la Naturaleza, justiciera inexorable, ahora nos hace pagar. Ya lo advertía el poeta Baudelaire, muerto a los 46 años víctima de la sífilis : Tan vivo es el gozo como cruel el castigo. Pues el castigo es lo que ahora nos espera, y sólo los insensatos son incapaces de comprender esta triste realidad.
No se necesitaban muchos esfuerzos de imaginación para vislumbrar este trágico final tras las reiteradas y calculadas medidas encamindas a tratar de dividirnos, como en época pre-bélica, en dos bloques irreconciliables, desenterrando viejos fantasmas y llevando a cabo un verdadero tsunami iconoclasta y laicista, al mismo tiempo que se inculca en nuestros jóvenes la veneración por los nuevos dioses: el sexo, el vientre y el dinero.
Pero hay soluciones, que ellos no pueden ver, porque Dios ciega a quien quiere perder :
Si analizamos la situación observamos que el origen del mal está en estos dos factores : aborto libre y pisos de lujo, exponentes ambos del hedonismo capitalista en el que hemos vivido en esta época pasada de vacas gordas, y en la que se han turnado en el Gobierno socialistas y populares. Ninguna de estas formaciones reparó en las nefastas consecuencias derivadas de su desacertada gestión, invirtiéndose la pirámide generacional tan bien conformada tras el baby-boon de los años 70, y propiciando la explosión de la burbuja inmobiliaria, a la sombra de la cual se enriquecieron tantos políticos de uno y otro partido.
Vemos ahora que el remedio de nuestros males está forzosamente en seguir la dirección contraria a la que traíamos : familias numerosas y casas baratas.
Urge estimular la natalidad mediante el incentivo de 200 euros mes e hijo, a todas las mujeres nacionales, a partir del tercero y hasta la mayoría de edad, y libres de impuestos.
Las casas baratas, cuya construcción aliviaría en gran medida el problema del paro, se ofrecerían a todas las personas que cumplan el baremo, muchas de las cuales viven hoy hacinadas en pisos-patera, y a un precio en venta o alquiler no superior a 200 euros mes. Estos inmuebles serían un eficaz elemento regulador del precio de la vivienda. El millón de pisos vacíos de hoy en día, lo son para una determinada clase social y por tanto no válidos para las gentes modestas.
Pues hasta aquí las medidas efectivas y de Derecho Natural que nos salvarán de la catástrofe; las únicas que justificarían el sacrificio del esfuerzo económico para llevarlas a cabo, pues su sólo anuncio ya nos alegra el ánimo y despeja del horizonte tan negros nubarrones.
Pero hay soluciones, que ellos no pueden ver, porque Dios ciega a quien quiere perder :
Si analizamos la situación observamos que el origen del mal está en estos dos factores : aborto libre y pisos de lujo, exponentes ambos del hedonismo capitalista en el que hemos vivido en esta época pasada de vacas gordas, y en la que se han turnado en el Gobierno socialistas y populares. Ninguna de estas formaciones reparó en las nefastas consecuencias derivadas de su desacertada gestión, invirtiéndose la pirámide generacional tan bien conformada tras el baby-boon de los años 70, y propiciando la explosión de la burbuja inmobiliaria, a la sombra de la cual se enriquecieron tantos políticos de uno y otro partido.
Vemos ahora que el remedio de nuestros males está forzosamente en seguir la dirección contraria a la que traíamos : familias numerosas y casas baratas.
Urge estimular la natalidad mediante el incentivo de 200 euros mes e hijo, a todas las mujeres nacionales, a partir del tercero y hasta la mayoría de edad, y libres de impuestos.
Las casas baratas, cuya construcción aliviaría en gran medida el problema del paro, se ofrecerían a todas las personas que cumplan el baremo, muchas de las cuales viven hoy hacinadas en pisos-patera, y a un precio en venta o alquiler no superior a 200 euros mes. Estos inmuebles serían un eficaz elemento regulador del precio de la vivienda. El millón de pisos vacíos de hoy en día, lo son para una determinada clase social y por tanto no válidos para las gentes modestas.
Pues hasta aquí las medidas efectivas y de Derecho Natural que nos salvarán de la catástrofe; las únicas que justificarían el sacrificio del esfuerzo económico para llevarlas a cabo, pues su sólo anuncio ya nos alegra el ánimo y despeja del horizonte tan negros nubarrones.
6 comentarios:
Totalmente de acuerdo José Miguel con que nuestra situación actual es el resultado de la pérdida de valores que empezaron con las leyes del aborto, el divorcio, y el matrimonio gay entre otras.
Claro que hay soluciones, tu mismo expones algunas que quizás aliviarían algo el inmenso deterioro que estamos sufriendo.
Pero creo que hacen falta medidas más drásticas, que no sé quién será capaz de aplicar.
Como dice el refrán: A grandes males, grandes remedios.
Afectuosamente.
Desde luego que para algunas familias el disparatado precio de la vivienda y de la escolarización de los hijos se puede ver como un obstáculo para el aumento del número de hijos.
Pero, como usted bien apunta, el problema está en el cambio de mentalidad.
Son demasiadas las ofertas que la publicidad propone de un hipotético bienestar, que iría desde el uso de cosméticos hasta insospechados viajes, pasando por un montón de bebidas y "delikatessen" para el paladar.
Como en el cuento de aquel que le regalaron unas babuchas preciosas, una casa de lujo pide asimismo una ropa acorde y un nivel de vida también de lujo.
Creo que entre las casas baratas y las de lujo debería haber un intermedio justo, que permitiera vivir con cierta dignidad -puesto que a menudo lo barato sale caro-, lo mismo que me parece injusto tener que pagar la enseñanza dos veces, para que ni siquiera les enseñen cosas tan elementales como el respeto a los padres,personas mayores o un sentido del esfuerzo y de la austeridad.
Maite y Anónimo :
Muchas gracias por haber accedido a mi bitácora y aportar vuestro siempre valioso comentario.
Muy afectuosamente,
Amigo Tenreiro: Una vez más comparezco en esta tu página y blog para darte toda la razón, aunque haya de poner de manifiesto algo con lo que, de manera expresa o tácita, tú estás de acuerdo: El tema del control de la natalidad, del aborto y la eugenesia, amén de la eutanasia, van encaminadas a ir más allá de las leyes naturales y a rectificarlas, cuando no a contradecirlas.
Sé que en la mentalidad de muchos de nuestros políticos -los estadistas parece ser se extinguieron como los dinosaurios-, todo consiste en repartir la riqueza del orbe con planteamientos y mentalidad maltusianas.
No van más allá, entre otras cosas porque, en su inmensa mayoría, están mediatizados por el sectarismo y la ceguera más suicidas.
Ignoran ese aserto básico y sabio, al propio tiempo, que atestigua: "Dios perdona siempre; el hombre algunas veces; pero la naturaleza no perdona jamás."
Y en estos pecados de nuestro tiempo irán aparejadas las penitencias correspondientes. Todo, no es cuestión de dinero sino de humanismo y si es cristiano, mejor aún.
Amigo José Carlos :
Muchísimas gracias por tu comentario y acertada intervención.
Un fuerte abrazo,
La naturaleza no sólo no perdona, sino que cuando se la contradice, se rebela, se le vuelve a uno en contra.
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