
La actual crisis económica que afecta a toda la humanidad y es particularmente virulenta en nuestro país entre los de la Unión Europea, dada nuestra dependencia, casi en exclusiva, de la construcción, solamente la superaremos si el Gobierno acierta a aplicar estas dos medidas : viviendas de protección oficial, y ayuda a las familias.
La carencia de viviendas sociales ha llevado a que las particulares hayan alcanzado unos precios desorbitados y con unas hipotecas a las que hoy en día se hace muy difícil sobrellevar dada la escalada de los intereses.
Consecuencia inmediata de ello es el excesivo endeudamiento de los ciudadanos y su falta de liquidez para seguir comprando otros bienes de consumo, entre ellos el automóvil con ventas en abierta regresión.
Pero todavía hay otra característica social que oscurece aún más el panorama, y es el hecho de que nuestra baja natalidad, jamás estimulada, hace que hoy seamos el país más viejo del planeta, con una tasa de 1,3 hijos por mujer, muy lejos de los 2,1 necesarios para que se efectúe el relevo generacional. Esto trajo como consecuencia que a estas fechas el número de jubilados se eleve a ocho millones y a dos millones el de ancianos mayores de ochenta años. Juntemos estos números con el de personas que forzosamente incrementarán el paro en los próximos meses y veremos, por más que optimistas que tratemos de ser, que el panorama se presenta sombrío.
Si la recesión en la construcción nos lleva al paro generalizado, ¡hay que seguir construyendo! Tómense las medidas oportunas y exprópiese lo que haya que expropiar pues el interés social así lo exige. Las nuevas viviendas serían ofrecidas al sector de población que cumpla con las condiciones requeridas y a un precio no superior a los doscientos euros mensuales. Tal medida traería como consecuencia inmediata el abaratamiento de los demás pisos, actuando como elemento regulador del precio de la vivienda.
Paralelamente, y en segundo lugar, es forzoso se lleve a cabo una medida casi revolucionaria en nuestro país puesto que ningún Gobierno a lo largo de nuestra Historia se decidió aplicar. Nuestra sociedad decrépita requiere una urgente renovación que aleje el fantasma de la quiebra del sistema de pensiones, cada vez más próximo. Hay que incentivar las familias numerosas con una ayuda de doscientos euros al mes por hijo, a partir del tercero y hasta la mayoría de edad, de manera similar a como se procede en los estados europeos de nivel similar al nuestro.
Un axioma de Economía dice que la prosperidad económica sigue a la expansión demográfica. Está más que claro que con nuestra envejecida población solamente vamos hacia la ruína. Si no hay nacimientos no hay futuro.
Y hasta aquí, las disposiciones urgentes que, a mi juicio, el Gobierno ha de dictar para sacarnos de esta profunda sima en la que hemos caído por absoluta falta de prevención de ésta y de las administraciones anteriores. Estoy tan persuadido de que estas son las medidas a tomar, que juzgo no habrá poder en este mundo capaz de salvarnos de ella si no es aplicando, aun a costosísimo precio, las prevenciones citadas.
Perdónenme, pero no me resisto a exponerles, dada la oportunidad, la fábula de la sibila y el rey romano a quien fue a visitar ofreciéndole a un elevadísimo precio el libro de sus augurios. Ante la negativa del rey, la sibila rompió el libro en dos mitades, arrojó al fuego una de ellas y le pidió al monarca la misma cantidad por la que quedaba. Tampoco accedió aquél al trato, ahora con mayor motivo, procediendo la mujer del mismo modo. Sólo a la tercera vez aceptó el rey pagar aquella enorme suma por la sexta parte del fantástico libro....
(3 0ctubre 2008)
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